Una razón más para tener un can en el hogar

Convivir con una mascota aun cuando se acaba de recibir a un bebé, podría ser beneficioso y no perjudicial como muchos creen. Y es que una investigación realizada por la Universidad de Kuopio, en Finlandia, a una población de casi 400 niños, halló que los bebés que tenían contacto con perros o gatos en el primer año de vida, tenían 44% menos probabilidades de desarrollar una infección de oído, y 29% menos probabilidades de necesitar antibióticos que sus pares sin mascotas.

Por Diario La Primera | 13 jul 2012 |    
Una razón más para tener un can en el hogar
Según un estudio, los bebés que viven con perros y gatos durante el primer año de vida, podrían ser menos susceptibles a sufrir infecciones respiratorias.

Y aunque el tema está dividido debido a que se han registrado investigaciones donde se aseguraba que los canes podrían proveer cierta protección contra el desarrollo del asma y las alergias, existían otras que aseguraban que ellos podrían aumentar el número de infecciones respiratorias en los niños.

Por esa razón, los especialistas de la Universidad de Kuopio, en Finlandia, para obtener una mejor idea sobre el impacto de las mascotas en la salud de los niños, revisaron datos de un estudio de 208 niños cuyas madres fueron reclutadas en el último trimestre del embarazo. Las madres eran de áreas rurales de Austria, Finlandia, Francia, Alemania y Suiza. Pero el estudio también incluyó datos sobre 216 madres que vivían en áreas rurales o suburbanas de Finlandia, que dieron a luz en el Hospital de la Universidad de Kuopio. Tras excluir a los niños con información incompleta, los investigadores observaron datos sobre 397 niños en total.

En el primer año de vida, 72% de los niños experimentaron una fiebre, 40% tuvieron una infección de oído, 97% tuvieron escurrimiento nasal, 84% tuvieron tos y 32% presentaron respiración sibilancia en algún momento. Casi la mitad de los niños recibieron antibióticos al menos una vez en el primer año de vida, según el estudio.

El 62% de los niños tenían un perro, y 34% tenían un gato en algún momento durante el estudio. Pero al final del estudio de once meses, casi dos tercios de los padres dijeron que no tenían un perro en casa, y tres cuartas partes dijeron que no tenían un gato. En opinión de la Dra. Eija Bergroth, responsable del estudio, una posible explicación podría ser que los perros traen algo a casa, como tierra o suciedad, que obliga al sistema inmunológico del niño a madurar.


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