Permanente recuerdo

Conversaba con el viento, con el canto de las aves, con las huellas de los venados, con los grillos que le decían cuándo iba a llover, con la mirada del tiempo. Alguna vez miró al cielo de su tierra Pampas (Tayacaja–Huancavelica) y dijo a sus compañeros de viaje, compañeros de cacería, “ mejor nos esperamos hasta mañana, se avecina una tormenta que no parará en unas ocho horas”.

Por Diario La Primera | 17 ene 2013 |    
Permanente recuerdo
PEPE ABAD MONGE

Algunos dudaron de sus palabras. “La tormenta”, siguió diciendo, “cosa extraña, comenzará a mediodía, generalmente cae a partir de las seis, siete de la noche, algo está pasando”. Dejó su carabina sobre la mesa y salió solo rumbo al campo, a las cercanas chacras. Miraba intrigado el vuelo ligero de las aves que buscaban sus nidos, sus querencias; de pronto divisó una, dos huellas de venados, se puso de cuclillas, acercó la mirada, casi las tocó, mirando las huellas recordó su infancia, se puso de pie y regresó apresurado al pueblo, a la casa donde lo esperaban y habló como solía hacerlo con la sencillez de todos los días, “hermanos, qué pena, nuestra cacería se posterga unos siete a diez días, las hembras de los venados están preñadas, están a punto de parir, están regresando apresuradas a sus querencias, no podemos alterar lo que dicta la naturaleza, salud, upiaycusum mana rabiaycusum (tomemos sin cólera). Así fueron sus días, tenía la bondad calma de la verdad, le cantaban en su pecho todas las aves, especialmente los sarapoqochis (que hacen madurar el maíz) y los jilgueros. Con Pepe, que nos retaba a recoger la pieza antes de disparar, se ha ido gran parte de la manera de ser de Pampas. Su hermosa familia es depositaria de estos recuerdos. Te debemos mucho, siempre miraremos el cielo de Pampas recordándote, querido hermano Pepe.


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