La palabra musical

Hoy jueves 28, 7 pm. gran homenaje al maestro Carlos Hayre por sus 80 años de edad, en la Derrama Magisterial, Av. Gregorio Escobedo 598, Jesús María. Todo un reconocimiento y agradecimiento por su obra.

Por Diario La Primera | 28 jun 2012 |    
La palabra musical
CARLOS HAYRE

En el 2007, después de once años de ausencia vividos en los Estados Unidos , retornó Carlos Hayre Ramírez, talentoso músico nacido en Barranco en 1932. Manuel Acosta y Carlos Hayre, amigos y compadres desde la adolescencia, se conocieron bajando de un tranvía en un paradero de Surquillo con apenas un “hola”.

Desde entonces, el otrora Chicago Chico, barrio malevo los iba a marcar definitivamente. Hayre vivía en este populoso distrito y Manuel “yo también vivía en Surquillo pero dormía en Miraflores”, a dos cuadras en Manuel Bonilla. La línea del tranvía era la línea divisoria, apenas como referencia “entre ricos y pobres”.

De Miraflores, llegaban a Surquillo, algunos buscando la mano de obra , otros se internaban por sus calles provocándose nuevas sensaciones con el pretexto de un cebiche o de un trago de caballería en trastiendas, callejones o chinganas como el “Silletazo” donde en 1953 Manuel Acosta escribiría su famoso vals Madre en una envoltura de una cajetilla de cigarrillos, o en ese otro bar surquillano el Taka Taka donde Hayre se aburría escuchando a los poetas franceses Baudelaire, Verlaine, Rimbaud, de labios del escritor Julio Ramón Ribeyro.

Manuel mira a Carlos Hayre y nostálgico repite, “Ah, Surquillo, ahí por esas calles correteábamos con Carlos, verdaderamente un señor y un virtuoso de la guitarra”.

Una crónica periodística diciembre 1966, firmada por Ricardo Miranda Tarrillo, después de hacer una síntesis de la guitarra criolla en Lima, recordando al maestro Adolfo Zelada, Oscar Avilés, Rafael Amaranto, Lucho Garland, Fernando Loli, Alvaro Pérez, Paco Maceda y Víctor Reyes, subraya la presencia e importancia de Hayre... “La aparición de Carlos Hayre hace pensar en el surgimiento de una nueva etapa en el proceso de la guitarra criolla.

Hayre tiene formación académica y a su técnica superior añade contenido criollo y entendimiento de cómo conservar ritmo y sabor de valses y polcas. Es otro camino el que recorre Hayre, de insospechadas posibilidades armónicas y desbordante musicalidad”.

Hablando del “universo sonoro dotado de sentido” que es la música, Carlos Hayre sonríe y sus palabras sencillas hablan de la diaria sobrevivencia, de seguir haciendo música como siempre, de su sangre hindú llegada al Perú en remotos tiempos, de su padre, de las oportunidades que a veces volaron de las manos como pajaritos, de poder ayudar enseñando música, de la sincera sencillez de las gentes, de la sensibilidad como inteligencia popular, de sus maestros, el pianista Manolo Ávalos, del guitarrista y fino ebanista Víctor Toledo, del “tundete” como onomatopeya de la rítmica total del vals, del cajón como base percutiva para la jarana (marinera), de esta lástima de baterías y aparatos electrónicos que intentan, dice, hacer música, de su vida en Richmond al sur de Virginia en Estados Unidos, de su grabación de Poemas y Canciones allá por los años sesenta con los poetas César Calvo y Reinaldo Naranjo.

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