América espera

Este debería ser el lema del gobierno, no “Cómprale al Perú”, tras la publicación -el 15 último- de la resolución No. 021-2009/CDF-INDECOPI, como complemento de la eliminación del grueso de los aranceles para las importaciones alimentarias y la activación del injusto APC-TLC con Estados Unidos.

| 23 febrero 2009 12:02 AM | Locales |569 Lecturas
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Pues todo parece concebido para destruir a la producción agraria nacional y favorecer sin medias tintas a lo foráneo.

Esta vez el pretexto ha sido la no rebaja de los precios minoristas de los aceites comestibles importados en 50%, para reducir al mínimo disimulable el derecho “antidumping” impuesto en el 2002 a esos productos de origen argentino; en lugar de ponerles la mano a los oligopolios importadores que se niegan a trasladar al público los márgenes resultantes de las exoneraciones arancelarias y la reciente caída de los precios alimentarios internacionales en general.

Para entender mejor el tema, cabe recordar que “dumping” es la subvaluación de cualquier producto -vía subsidios u otras medidas- para exportarlo con un menor precio artificial; práctica vetada por la Organización Mundial de Comercio e incluso por el artículo 63 de la Constitución del Perú.

Sin embargo, en vez de trabajar por la plena transparencia del mercado -o sea, sin distorsiones, como el “dumping”- en todos los rubros y presionada políticamente por ciertas instancias mercantilistas del gobierno; la Comisión de Fiscalización de Dumping y Subsidios del Indecopi ha reducido el derecho “antidumping” aplicado a los aceites argentinos, de 200-220 dólares por tonelada a sólo 73, pero reconociendo -tácita y paradójicamente- que tal distorsión sigue inalterable.

En cambio ella continúa ciega ante lo que pasa con la leche, algodón, soya y maíz, entre otros productos subvaluados; lo cual dice mucho de su objetividad y profesionalismo.

Quizás los “serviciales” miembros de esa comisión -Peter Barclay Piazza, Silvia Hooker Ortega, Jorge Aguayo Luy y Eduardo Zegarra Méndez- no lo han advertido, pero aun cuando se lograra enmendar el comportamiento avaro de los oligopolios importadores y rebajar los precios locales de los aceites foráneos, los efectos trascendentes de tal medida serán otros y graves: el drástico incremento de las importaciones oleaginosas subvaluadas, el subsecuente colapso de la agroindustria nacional de palma aceitera afincada en la selva (35,000 hectáreas, cinco plantas procesadoras y más de 60,000 empleos) y -lo que es peor todavía- el resurgimiento de la coca ilegal para el narcotráfico.

¿Esto es lo que quiere el gobierno? Su praxis indica que sÑ Pues, en lugar de defender y levantar a la producción nacional, para que nuestro pueblo no sufra los intermitentes altibajos de la oferta alimentaria externa, y de poner freno a las impunes maniobras especulativas de los oligopolios importadores y los grandes intermediarios locales, el régimen sigue empeñado sólo en servir a éstos en plato hondo.

Gustavo Espinoza M.
Colaborador

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