Se abrió un gran debate

Al Papa, apenas elegido, se le abrió un gran debate por sus declaraciones como Cardenal Bergoglio contra las mujeres, contra la población LGBTI y por su papel en los años de la dictadura (1976-1983). Miembros de la institución eclesiástica de Argentina, inclusive el Nuncio, por acción o por omisión, apoyaron la dictadura.

| 17 marzo 2013 12:03 AM | Línea | 823 Lecturas
Se abrió un gran debate
UN PAPA POLÉMICO

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DETALLE
Otro debate

Posiblemente también se reabrirá otro debate sobre las alianzas de la institución eclesiástica católica con las cúpulas militares y policiales, en diferentes países, y ante todo en aquellos, como los de América Latina, víctimas de las dictaduras de viejo y de nuevo cuño.

Hay un hecho inaudito: las diócesis especiales para la Fuerza Pública, sostenidas con dineros públicos. ¿Qué hacen obispos y sacerdotes metidos en los cuarteles y vestidos a lo militar, con grados e insignias militares? ¿Cómo es posible que haya seminarios especiales para las vocaciones militares y policiales?
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Al nuevo Papa se le atribuye una compleja personalidad, difícil de captar y de definir. Compleja y hasta contradictoria. Cabalgan facetas muy particulares: persona de una teología conservadora al estilo Juan Pablo II-Benedicto XVI, en dogma y en las cuestiones relacionadas con la vivencia de la sexualidad. Pero abierto y arriesgado en la práctica de la doctrina social. Como Juan Pablo II, sabe para qué sirve el poder eclesiástico. Hombre de decisiones, ojalá no se deje apabullar por la curia del Estado de la Ciudad del Vaticano, es decir, por esos cardenales y monseñores que se encargan de hacer vigente aquella afirmación de sabiduría popular: “El Papa reina, pero NO gobierna”.

En ese minúsculo Estado, no pudieron poner orden Juan Pablo II y Benedicto XVI, más preocupados por condenar la Teología de la Liberación y las teologías progresistas, que por desarraigar la corrupción de cardenales y monseñores, dentro y por fuera de las murallas vaticanas. La situación se degeneró de tal manera que estalló y se globalizaron los escándalos, de distintos tipos, ya muy conocidos.

Hay unanimidad, en diferentes autores y columnistas, en reconocer que en su vida privada y personal, es una persona sencilla, austera, sobria y enemiga de la pompa, que tanto adoran muchos, muchísimos sacerdotes, obispos y cardenales. Caminaba por las calles con zapatos bien usados.

En lugar del carro de lujo, utilizaba el transporte común. Abandonó el Palacio arzobispal para vivir en un apartamento sencillo y pequeño. Bajo un sobretodo negro ocultaba los colores episcopales y cardenalicios, en sus recorridos callejeros. Se alaba su capacidad de dialogar y atender a las y a los excluidos y de expresarles gestos humanitarios.

“Los políticos argentinos fueron varias veces blanco de la retórica filosa del sacerdote, que los ha acusado de no combatir la pobreza y querer enquistarse y lucrarse en el poder”, ha reportado un corresponsal extranjero.

En ese contexto, ha sido “Voz de los sin voz” ante gobernantes y políticos, hasta el cuasi enfrentamiento. Su cardenalato coincidió con el gobierno de los Kirchner, blanco de sus denuncias, de diferente índole.

“Bergoglio reúne en sí dos rasgos que no siempre van juntos: es un conservador extremo en materias dogmáticas y posee una marcada sensibilidad social. Es lo que en la política argentina se conoce como un conservador popular...

Los jesuitas formados por Bergoglio siguen una línea dogmática tradicional, pero “hacen la pastoral de fin de semana con los pobres. Les infundió una visión sacramentalista, acrítica y muy asistencialista”, añade un sacerdote que lo conoce bien. “Cultiva el bajo perfil. Está honestamente preocupado por los pobres, vive su espiritualidad. Es encantador, conquistador, muy austero, lleva siempre el mismo traje viejo, anda con zapatos gastados, viaja en colectivo y en subterráneo”, escribió Horacio Verbitsky, historiador y escritor argentino, uno de sus críticos, en 2005, cuando fue papabile (James Viera).

Óscar Campana, argentino-porteño, en texto del 14 de marzo, así lo define:

“Su austeridad personal, indiscutible, siempre ha convivido con una decidida y sostenida búsqueda del poder, primero en su congregación, luego en la Iglesia argentina y universal. Bergoglio es un estratega y un político, como hace mucho no había en nuestra Iglesia. Pero parece que ahora todas las virtudes se reducen a una sola, olvidando que los pecados capitales son siete…

No obstante los antecedentes, no habría que descartar que una figura tan lejana al ceremonial y al protocolo, y consciente de la necesidad de ponerle fin a los escándalos (financieros, sexuales, políticos) continuados desde hace tiempo en la Iglesia universal y en Roma, sea capaz de imponer un cambio de rumbo en muchos temas sensibles”.

Como Benedicto XVI, soltó algunas de esas frases que marcan historia y crean no solamente conflictividad, sino enorme desprestigio.

CONTRA LAS MUJERES

“Las mujeres son naturalmente ineptas para ejercer cargos políticos”, refiriéndose a la candidatura presidencial de la Senadora Cristina Fernández.

“El orden natural y los hechos nos enseñan que el hombre es el ser político por excelencia; las Escrituras nos demuestran que la mujer siempre es el apoyo del hombre pensador y hacedor, pero nada más que eso”.

En sus polémicas declaraciones, el arzobispo de Buenos Aires agregó que “hay que tener memoria; tuvimos una mujer como Presidente de la Nación y todos sabemos qué pasó”, refiriéndose a la expresidenta Estela María Martínez de Perón.

Tales apreciaciones y otras llevaron a la Presidenta Cristina Kirchner a afirmar: “Nuestro Dios es de todos, pero cuidado que el diablo también llega a todos, a los que usamos pantalones y a los que usan sotanas”.

Varias organizaciones de mujeres, incluyendo católicas, han emitido mensajes rechazando la teología antifemenina del Cardenal-Papa. No inician en buenos términos las relaciones.

CONTRA LA COMUNIDAD LGBTI
Se opuso rotundamente, con garbo de cruzado, al matrimonio igualitario para homosexuales y lesbianas. El texto siguiente es una síntesis de su postura.

“A las Monjas Carmelitas de Buenos Aires, 22 de junio de 2010.

Queridas hermanas: Les escribo estas líneas a cada una de ustedes que están en los cuatro Monasterios de Buenos Aires. El pueblo argentino deberá afrontar, en las próximas semanas, una situación cuyo resultado puede herir gravemente a la familia. Se trata del proyecto de ley sobre matrimonio de personas del mismo sexo. Aquí está en juego la identidad, y la supervivencia de la familia: papá, mamá e hijos. Está en juego la vida de tantos niños que serán discriminados de antemano, privándolos de la maduración humana que Dios quiso se diera con un padre y una madre. Está en juego un rechazo frontal a la ley de Dios, grabada además en nuestros corazones... Aquí también está la envida del Demonio, por la que entró el pecado en el mundo, que arteramente pretende destruir la imagen de Dios: hombre y mujer que reciben el mandato de crecer, multiplicarse y dominar la Tierra. No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo (este es solo el instrumento) sino de una “movida” del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios... Afectuosamente, Jorge Mario Bergoglio s.j.”. (5)

Dios no escuchó a las carmelitas contemplativas que seguramente fueron más que fervorosas en sus oraciones y plegarias, porque la Ley fue aprobada. ¿Qué concepción tenía o tiene el excardenal de la oración?

Activistas de organizaciones LGBTI ya han levantado su voz de alarma y de protesta de lo que les puede esperar bajo este Pontificado.

LA DICTADURA

Hay un hecho histórico innegable: nuncio, obispos y sacerdotes apoyaron la Dictadura Militar (1976-1983), guardaron silencio cómplice, no tuvieron la valentía evangélica de denunciar al mundo lo que pasaba en Argentina e, igualmente grave, no tuvieron entrañas de misericordia para ofrecer solidaridad a las víctimas.

En ese contexto, Bergoglio ocupó cargos de alta responsabilidad. Por dos periodos fue provincial de los jesuitas, y muy joven, a los 36 años. Luego sería obispo-arzobispo-cardenal y Presidente de la Conferencia Episcopal. Vivió las consecuencias de la dictadura y le tocó, directa o indirectamente el debate, aún no cerrado. Aún más, con razón o sin razón, llevará ese estigma a lo largo de su Pontificado.

Documentos de diferente índole ya le han dado la vuelta al mundo católico y más allá, abriendo el debate sobre la actuación de Bergoglio bajo la dictadura. Varios autores sostienen su responsabilidad. Por ejemplo, el historiador y escritor Horacio Verbitsky, en artículos y en su historia sobre la dictadura, que lleva por título “El silencio”.

Hans Hansen escribió el pasado miércoles: “El nuevo Papa ha sido cuestionado por entregar a dos sacerdotes a manos de la represión. Los testimonios apuntan a Bergoglio en violación a los DD.HH y muestran su complicidad con la dictadura militar argentina”.

“... Al nuevo Pontífice se le menciona un poderoso vínculo con el entonces jefe de la Armada trasandina, Emilio Massera, ya que Bergoglio cuando integraba la plana mayor de la Universidad del Salvador, le otorgó al militar el título de “doctor honoris causa”.

En su libro autobiográfico “El Jesuita”, publicado en 2010, Bergoglio rechazó las acusaciones en su contra.

DENUNCIÓ “DIFAMACIÓN”
Una firme defensa hizo vocero papal
El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, rechazó el viernes último las acusaciones respecto al comportamiento del Papa Francisco durante la última dictadura de Argentina (1976-1983), asegurando que no tienen fundamento y que se trata de una campaña de difamación.

“Nunca hubo una acusación concreta y creíble contra él. Fue interrogado en una ocasión por los magistrados argentinos cuando alguien ‘informó de los hechos’ y él proporcionó documentación para rechazar las acusaciones”, dijo Lombardi en una conferencia inusualmente enfática ante la prensa internacional.

“Estas acusaciones no son confiables” y “deben ser negadas total y firmemente”, agregó. Según Lombardi, son “sectores de la izquierda anticlerical” los que están propagando las acusaciones para “atacar a la Iglesia”.

El portavoz aseguró que hay testimonios que indican “lo mucho que hizo para proteger a mucha gente” en aquella época Jorge Bergoglio, el nuevo Papa.

Lombardi destacó, además, que, como obispo, Bergoglio contribuyó a la decisión de la Iglesia argentina en 2000, de pedir perdón por no haber denunciado a la dictadura militar.


Héctor Alfonso Torres Rojas
Alainet


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