Valeriana para asustadizos

Cientos de miles de limeños que aclamaron al presidente Ollanta Humala durante las Fiestas Patrias y festejaron en grande el inicio de su gobierno, gente humilde y de capas medias, se veían alegres y esperanzados, entusiastas y llenos de fe y expectativas, tal vez eufóricos, pero de ninguna manera asomaba el temor en sus rostros sonrientes.

| 31 julio 2011 12:07 AM | La Primera Palabra | 820 Lecturas
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Ese estado de ánimo positivo ha caracterizado la inauguración del nuevo gobierno, pese a lo cual determinados medios de comunicación, los mismos que preferían un régimen neodictadorial y corrupto antes que el menor cambio de la política económica neoliberal maximalista mantenida por el pasado gobernante, persisten en hacer creer que en la población habría desazón, preocupación, incertidumbre por el advenimiento del cambio gradual y en democracia, a favor de los pobres, principalmente, y por la inclusión social como valor supremo, solidario, de la sociedad y el Estado.

Por eso resulta realmente extraño el proceder de esos medios, a los que nada convence, ni la concertación hecha carne en un gabinete ministerial tan diverso y variado que hasta genera críticas de quienes lo consideran poco representativo de la dinámica de cambio social expresada en la victoria electoral del 5 de junio; ni el programa de moderación y gradualismo anunciado por nuestro nuevo gobernante.

Tal actitud negativa se refleja en la obsesión de algunos comunicadores que insisten en hablar del miedo a la nueva administración y a su mensaje y proyecto de cambio como un supuesto referente que supuestamente marca la actitud de la sociedad respecto a la administración inaugurada el 28 de julio.

Todo indica que esa obsesión más bien refleja el interés de que nada cambie y todo siga como hasta ahora, con el maximalismo del mercado imperando y sin resolver los problemas fundamentales de la mayoría de la sociedad y sin ser capaz de lograr que nuestra sociedad supere males propios del medioevo como el hambre, la pobreza, la marginalidad y la exclusión.

Por eso ha hecho bien el ministro de Justicia, Francisco Eguiguren, en rechazar que se pretenda poner el membrete del miedo al gobierno que recién comienza, y que a esta nueva etapa solo le tienen miedo los disgustados por el cambio, los que simplemente quisieran otro gobierno.

A los asustadizos, los que tienen miedo a una política que incorpore a los hambrientos y los desposeídos y les reconozca sus derechos más elementales, les ha recomendado la vieja receta de las abuelas: que tomen agua de valeriana, lo que en buen romance quiere decir que el gobierno no va a detenerse ni vivir en función de temores supuestos o reales, pues ha recibido un mandato y está decidido a cumplirlo, sin radicalismos pero también sin vacilaciones.


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