Urge una rectificación

El reciente caso de la elevación del monto de dinero que los parlamentarios reciben para gastos de representación, es decir visitas a sus jurisdicciones y actividades con sus electores, ha agudizado las críticas a los legisladores y empeorado la imagen que, lamentablemente y por un proceso de deterioro que data de la década negra de la dictadura, afecta a quienes tienen el honor de representar al pueblo en el Congreso de la República y la obligación de hacerlo a la altura de la alta misión que la ciudadanía les ha encomendado.

| 22 diciembre 2012 12:12 AM | La Primera Palabra | 523 Lecturas
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Si bien es cierto que los legisladores no son solo empleados públicos que trabajan por un sueldo que cubra sus necesidades, pues en el ejercicio del cargo tienen obligaciones funcionales que solventar y que van más allá de esas necesidades, el incremento que motiva estas líneas parece desproporcionado y poco oportuno, o al menos no ha sido debidamente explicado.

La presurosa aprobación del incremento y la falta de una ilustración previa sobre el tema, ha dado lugar a una fuerte condena ciudadana, tanta que los intentos de los legisladores y sus directivos de explicar la decisión solo han agravado el rechazo que motiva.

Tal situación ha causado la reacción de algunos congresistas que, conscientes de la inconveniencia del aumento y preocupados por el daño a la democracia que puede traer el desprestigio creciente del Poder Legislativo, han comenzado a renunciar al beneficio y a pedir que el acuerdo que lo hizo posible sea reconsiderado y anulado por los legisladores.

En algunos casos hay un tono de autocrítica, de quienes en un primer momento consideraron solamente las necesidades de mayor gasto en la tarea de representación que, ciertamente, deben cumplir nuestros parlamentarios, y justificaron el aumento; pero que se han dado cuenta que este resulta inconducente, en el contexto en el que amplios sectores están lejos de recibir ingresos medianamente decorosos.

Uno de esos parlamentarios ha señalado que los miembros del Congreso, además, reciben una serie de servicios y coberturas que hacen innecesario que reciban más recursos para gastos de representación.

Sería deseable que esas voces persuadan a todos los legisladores y que estos tomen conciencia de la gravedad de la situación y, con la mayor celeridad posible, revoquen la decisión que tanto daño está haciendo a su ya mellada imagen.

Nuestros parlamentarios, a quienes hemos elegido como representantes, deberían además encontrar la manera de corregir todos los problemas y situaciones que afectan su respetabilidad; demostrar eficiencia y celo en el cumplimiento de sus deberes, y recuperar la confianza de los electores, indispensable para la fortaleza de la democracia.


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