Una sucia campaña

Sin razones ni argumentos que puedan fundamentar su destructivo afán de descabezar al gobierno municipal de la ciudad de Lima, los conjurados de la revocatoria, abanderados del retorno de la corrupción a la comuna capitalina, están apelando a una guerra de albañal, consistente en insultos y groserías, propias del lumpen y la delincuencia.

| 11 enero 2013 12:01 AM | La Primera Palabra | 490 Lecturas
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Tales métodos nada tienen que ver con una contienda de carácter democrático, en la que debe haber un intercambio, siempre alturado y respetuoso, de puntos de vista y posiciones, que ofrezca al ciudadano la opción a elegir a quienes mejores argumentos exponga.

Una contienda cívica, en fin, debe caracterizarse por servir de aprendizaje y docencia para el ejercicio de la ciudadanía y no puede, por tanto, ser una guerra de ofensas que no toman en cuenta ni siquiera la dignidad de la mujer, representada dignamente por la alcaldesa, primera elegida para ese cargo en la historia del Perú, lo que representa una conquista para su género.

Los capituleros de la revocación se mueven en las sombras, reptando con cargo a la cuenta de los poderosos intereses que, ayudados por secuaces mediáticos y por el odio político que tanto daño ha hecho históricamente a los peruanos, han promovido la campaña contra Lima, que carece de argumentos, más allá de la irreflexiva y hueca afirmación, repetida hasta el cansancio, de que el gobierno municipal es ineficiente.

La campaña no escucha razones y cierra ojos y oídos ante las evidencias sólidas de las obras y reformas que ha emprendido el gobierno municipal. Como no puede rebatirlas, sale del tema y se atrinchera en el sectarismo y desde allí lanza insultos malolientes, ensuciando, literalmente la contienda.

En ese empeño, según informamos en esta edición, cuentan con el apoyo de autoridades municipales vigentes y cesantes, que sirvieron a una administración cuestionada por corrupta y que asoma en todos los movimientos de los revocadores. Hay ya testimonios que así lo prueban y que ayudan a desenmascarar los negros propósitos que persiguen los enemigos de la ciudad y del progreso.

De nada han valido los llamados de las autoridades electorales de abstenerse de ofender y denigrar en la campaña y callan en torno a un posible pacto de caballeros que, promovido por esas autoridades, ponga freno al desborde de la inmundicia como forma de hacer política.

Como el ladrón que cree que todos son de su misma condición moral, inventan malos manejos en cualquier cosa que hagan quienes son objeto de sus odios, como el hecho que la campaña por el NO podría contar con el asesoramiento de un conocido experto en asuntos electorales.

La ciudadanía no puede permitir que se imponga la destructiva prédica de los revocadores, que solo buscan perjudicar a la ciudad en función de torvos intereses.


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