Una buena señal

Ha hecho bien el Presidente de la República en dejar en claro, como ya lo había hecho durante su campaña electoral, en señalar que el terrorismo no es una amenaza para el Estado de Derecho y que no hay que exagerar la importancia de la pervivencia de remanentes senderistas armados y aislados en el Vraem –aunque con un lamentable dominio de ese terreno que hace difícil su erradicación- y de un minúsculo grupo neosenderista que pareciera buscar reciclarse y encontrar espacio en la política nacional, reivindicando el accionar terrorista derrotado, en términos estratégicos, hace ya 20 años, con la captura de su jefe, condenado a cadena perpetua.

| 11 noviembre 2012 12:11 AM | La Primera Palabra | 550 Lecturas
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Es por cierto importante que tal esclarecimiento ha expresado en forma tácita que el gobierno cree necesario contar con instrumentos legales para controlar a ese tipo de grupos y normas y medios para la lucha militar y policial contra los elementos que operan en el Vraem, pero de ninguna manera se deja arrastrar por la ululante histeria alarmista que pretende hacer creer al país –y mostrar al mundo- que está poco menos que a punto de sucumbir ante una enorme amenaza terrorista.

Hay que señalar que tal campaña enfebrecida, ejecutada con irresponsable frivolidad, ignorancia o mala fe por la prensa regresiva y añorante de los tiempos dictatoriales, sirve a objetivos muy concretos, que ha mostrado desembozadamente al tratar de aprovechar errores de buena fe del embajador en Argentina, sobredimensionando, por usar un término presidencial, un episodio nimio registrado hace diez meses, para tratar de presentarlo como prosenderista o amigo del terrorismo.

Esa embestida de las fuerzas oscurantistas que prefieren tratar con dictaduras y simpatizan con los golpistas de cualquier calaña, sí son sus afines ideológicos, se lanzó también contra el Canciller de la República, al extremo que abiertamente, ante micrófonos y cámaras generosamente brindadas por quienes pretenden escudarse en una equívoca objetividad, lo motejaron de incapaz y de amigo de los terroristas, ignorando su alto nivel académico y diplomático y su sólida trayectoria democrática.

Son diversas y altas las voces que señalan que esas fuerzas son las que sobredimensionan al senderismo o lo que queda de él en sus dos versiones, y que lo hacen para arrinconar a cualquier personalidad, organización o corriente que se ubica aunque sea un poquito a la izquierda de su extremismo conservador o de sus intereses contantes y sonantes, que siempre han puesto por encima de los intereses nacionales.

Los peruanos de bien quieren y defienden a la democracia y repudian el terrorismo, pero de ninguna manera aceptan que en nombre de la democracia se pretenda objetivos que nada tienen que ver con ella, como el de justificar y legitimar a quienes practicaron el crimen y el latrocinio como forma de gobierno.


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