Una posición sólida

Destacados analistas coinciden en señalar que las actitudes de realismo de sectores gubernamentales y políticos, ante un posible fallo de la Corte Internacional de La Haya que no se ajuste a las aspiraciones chilenas, tienen mucho que ver con la solidez jurídica de los argumentos presentados por el Perú en ese tribunal, nacido de la evolución de las relaciones internacionales como mecanismo de solución pacífica y civilizada de controversias entre las naciones.

| 24 octubre 2012 12:10 AM | La Primera Palabra | 519 Lecturas
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Tal hecho, además de generar satisfacción serena y ajena al triunfalismo o al maximalismo, nos lleva a mantener la ecuanimidad durante la expectativa en torno a la fase oral programada para diciembre próximo, en el marco de la mesura que corresponde a quien se sabe poseedor de una sólida posición, ajustada al derecho.

Resulta pertinente también remarcar, todas las veces que sea necesario, la posición pacifista y constructiva del Perú, ante recurrentes alegatos de sectores militaristas y ultranacionalistas chilenos, que insisten en acusar al Perú de no haber mantenido el problema en el ámbito bilateral, y de haber actuado en forma inamistosa al llevarlo a la corte internacional donde hoy va camino a una solución última a irreversible.

En tal sentido, debemos recordar que el Perú estuvo planteando a Chile durante más de dos décadas la necesidad de entablar conversaciones para negociar un tratado de límites marítimos, por no haber ninguno que los haya determinado. Solo obtuvimos el silencio o el manifiesto rechazo, con el argumento que los convenios pesqueros de 1952 y 1954 el lindero estaba fijado y no había nada que negociar.

Tal hecho ha comenzado a ser reconocido en el país vecino, donde surgen voces, de diverso signo, que ensayan una autocrítica señalando que Chile debió aceptar la negociación cuando el Perú la pidió, porque así el tema no hubiera llegado a manos de un árbitro que, agregamos nosotros, basa sus resoluciones en criterios de equidad y cuyas decisiones hay que acatar.

Sobre el otro punto, el del supuesto gesto inamistoso hacia Chile, de ninguna manera puede considerarse inamistoso que, ante la cerrazón de Santiago frente a nuestras invitaciones a negociar, el Perú haya apelado al mecanismo de solución pacífica de controversias, lo más distante de la confrontación y más bien un camino de salida a los conflictos por la ruta de la paz y el entendimiento.

Esas verdades, la coherencia de los argumentos de nuestros representantes en La Haya y la madurez cívica que nos lleva a aceptar desde ya el fallo de la corte, cualquiera que sea –lo que excluye triunfalismos improcedentes-, son los pilares de la unidad que el país mantiene en torno al diferendo.


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