Una maniobra burda

Que el expresidente que ensombreció al Perú en el pasado quinquenio quiera usar una revista de conducta cortesana –que no hace honor a sus ilustrados fundadores- para disfrazar de persecución política lo que no es más que una decisión judicial absolutamente lógica y coherente, resulta comprensible.

| 30 marzo 2012 12:03 AM | La Primera Palabra | 4.3k Lecturas
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Se entiende también que el personaje pierda la calma, por el nerviosismo que le ha provocado la decisión judicial de encomendar al Congreso y a la Fiscalía de la Nación que investiguen al exgobernante, a tres de sus exministros y hombres de confianza y a otros tres presuntos involucrados, por la muy fundada sospecha de que manipularon las investigaciones policiales y fiscales y las pruebas del caso “chuponeo”, para evitar que el escándalo de corrupción de los “petroaudios” comprometa a niveles de poder.

Es también ya un lugar común que el exmandatario utilice a sus instrumentos mediáticos para lanzar amenazas cada vez más burdas al nuevo gobierno, al que pretende aparecer como responsable de una medida judicial sin la cual los jueces habrían caído en el desprestigio.

Está también dentro de lo previsible la insistencia en convertir las investigaciones frustradas, unas amañadas, otras insuficientes, que no encontraron pruebas incriminatorias contra el exgobernante aprista, ni en el caso “petroaudios”, ni en el caso “chuponeo”, como absolución y prueba plena de inocencia, cuando en realidad dejan la tarea pendiente, a los ojos de un país convencido de que los verdaderos culpables siguen impunes.

Llama por cierto a la sonrisa que el adelanto que el semanario nos ofrece sobre la estrategia de defensa de los abogados del expresidente, convierta la fundamentación de la sentencia de los jueces -que rechaza el alegato de los acusados, de que son inocentes porque las pruebas fueron manipuladas-, en el descarte de la manipulación, evidente si se tiene en cuenta que la investigación fue encargada a un hombre de confianza del poder que mantenía al margen a dos ministros del Interior, que han dado fe de ello.

Todo ello, valga la reiteración, es comprensible, pero se convierte en inaceptable y repudiable cuando la colorida publicación pretende presentar a LA PRIMERA como “prensa oficialista” e instrumento de una supuesta presión del gobierno contra el mentor de la publicación y habitual sospechoso de corrupción.

Parece que, como está acostumbrada a intrigar por encargo de aquellos a quienes sirve, le pareciera lógico que este diario tenga igual comportamiento. Pero la reptante maniobra no responde a ningún razonamiento de ese tipo. Es un ataque que pretende descalificarnos y anularnos porque somos de los pocos que no se hincaron ante el poder del frívolo y prepotente gobernante y de los pocos que siguen luchando para que responda ante la justicia por sus actos.


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