Una jornada de reflexión

Los hombres y mujeres de prensa y el país entero celebran hoy el Día del Periodista, jornada tradicional de homenajes en los que menudean los mensajes y discursos que resaltan la importancia de la denodada labor de informar a la ciudadanía sobre los acontecimientos de trascendencia para la sociedad.

| 01 octubre 2012 12:10 AM | La Primera Palabra | 727 Lecturas
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En esta oportunidad queremos rendir homenaje a los labradores y maestros que forjaron el periodismo peruano y sobre todo a los mártires que entregaron sus vidas para cumplir su misión, principalmente los Mártires de Uchuraccay, cuyas muertes han quedado lamentablemente impunes, trascurridas tres décadas del horrendo crimen.

Saludamos también a los periodistas que a diario cumplen con coraje y profesionalismo la importante tarea de mantener informados a los peruanos, con verdad y comprometidos solo con los hechos y con la causa de la democracia y el progreso social, así como la defensa de los sagrados intereses nacionales y los derechos ciudadanos.

Amerita, en tal sentido, un reconocimiento a nuestro director, César Lévano, y a todo el plantel de periodistas de LA PRIMERA, que a diario hacen ese tipo de labor, pese a las dificultades que implica hacer un periodismo diferente y ajeno a los poderes tradicionales.

La jornada es, además, un motivo de reflexión sobre la pervivencia de formas de periodismo que solo buscan el lucro fácil y ajeno a la ética, y que cubrieron a la profesión y al país de vergüenza durante la dictadura de los 90, al cobrar sobornos a cambio de su complicidad con los crímenes y la corrupción de aquel régimen.

Como si nada hubiera pasado, como si la democracia no hubiera sido recuperada, esas prácticas persisten en algunos medios que sirven a causas innobles como la manipulación de la opinión pública mediante la desinformación y la mentira, al servicio de fines repudiables, como la búsqueda de impunidad para los criminales y los corruptos, deplorable bandera que hoy alzan con furor.

También subsiste el amarillismo, el trato denigrante hacia la mujer, la violencia como mercancía mediática; la mentira y la calumnia, armas de los grupos tradicionales de poder y sus altavoces mediáticos, para impedir que los peruanos tengan conciencia de los problemas de fondo del país.

Se trata de prácticas que desprestigian al oficio de informar y que repudian los periodistas que desarrollan su profesión con dignidad y con honor.

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