Una cumbre frustrada

La suspensión de la Cumbre Andina prevista para hoy con la participación de los presidentes de Bolivia, Colombia, Ecuador y el Perú ha privado al mandatario saliente de uno de los actos de impacto mediático con los que busca despedirse del cargo con gran pompa, para lo cual no duda en inaugurar obras sin terminar o con graves defectos o económicamente inviables, ni en improvisar políticas integracionistas que no han sido una constante durante su gestión.

| 23 julio 2011 12:07 AM | La Primera Palabra | 588 Lecturas
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En realidad, la cita de gobernantes andinos no le correspondía al Perú en la fecha, sino a Bolivia, con motivo de la entrega de la Presidencia Pro Témpore de la Comunidad Andina de Naciones de Bolivia a Colombia. Al haber el mandatario peruano comunicado que no podía asistir por alegados problemas de agenda, su homólogo boliviano había propuesto realizar la cumbre aquí, para que ninguno de los presidentes estuviera ausente.

Sin embargo, la cita fue finalmente suspendida por el jefe de Estado boliviano, a pedido del presidente electo del Perú, según ha explicado.

En nuestra opinión, la suspensión es pertinente por diversas razones, entre ellas el hecho que la cumbre tenía el objetivo de relanzar la integración andina, que vive una prolongada crisis, y tenía poco sentido que los acuerdos para ese necesario relanzamiento fueran asumidos por un gobernante próximo a dejar el cargo.

Además, el 28 de julio, ante la inusitada concurrencia de todos los gobernantes sudamericanos para la toma de posesión del nuevo presidente del Perú, está programada una Cumbre de la Unión de Naciones de América del Sur, y lo que se estila en casos como este es que los mandatarios de bloques subregionales, en lugar de viajar dos veces a un mismo destino en menos de una semana, aprovechen su presencia coincidente para realizar también una cumbre subregional, lo que puede ocurrir además con los países del Mercosur.

Resultaba por lo demás poco coherente que el foro máximo de la CAN fuera usado como plataforma de lucimiento personal por un gobernante que desdeñó persistentemente al grupo subregional, con constantes pullas y alusiones despectivas, desde su arrogante posición maximalista neoliberal.

Tanto el mandatario saliente como su canciller atacaron en forma constante a la integración andina y la relegaron en las prioridades de política exterior, lo que no se puede ocultar ni subsanar con los intentos de remendar en el último año del gobierno tanto esa política errada como la de distanciamiento y encono ideológico con países vecinos e históricamente hermanos del Perú.

Felizmente, una nueva etapa se abre para el Perú, de relaciones fraternas con todos los países latinoamericanos, sin bloques ni distingos ideológicos, en función de la integración regional, indispensable por mandato de quienes forjaron la independencia, y de los intereses nacionales.


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