Una absurda campaña

La absurda campaña de acusaciones contra la primera vicepresidente de la República, Marisol Espinoza, confirma la orfandad de la oposición dura e irreflexiva que, carente de un proyecto nacional alternativo al del cambio para la inclusión y la recuperación de la soberanía nacional, solo puede apelar a promover, aprovechar o simplemente inventar escándalos para que la política se reduzca a dimes y diretes y no al debate de los problemas nacionales, pero sobre todo para obstaculizar el camino de las transformaciones que el país reclama y exige desde hace años.

| 05 noviembre 2011 12:11 AM | La Primera Palabra | 1.3k Lecturas
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El caso también evidencia la desfachatez de sectores de oposición que, tras haber hecho del poder un feudo del que disponían a su antojo para expoliar al país con la corrupción desbocada, gritan, como el caco sorprendido en falta “al ladrón”, como si tuvieran autoridad moral para erigirse en fiscales anticorrupción.

Ha hecho bien la primera vicepresidente al poner rápidamente las cosas en su sitio y desbaratar la acusación de supuesto tráfico de influencias que le lanzaron los nostálgicos de los años de la dictadura o la frivolidad del verbo socapador de indecencias.

La campaña contra la primera vicepresidente desacredita además el papel fiscalizador que la prensa puede y debe ejercer y que ahora invocan con furor quienes fueron cómplices, con su silencio o su complicidad activa, quienes secundaron la podredumbre de anteriores gobiernos.

Acusaciones vacías de contenido y de sustento como las lanzadas en este caso, pueden dañar ese papel, porque la ciudadanía podría perder la fe en los medios y no darles crédito cuando denuncien casos reales.

Por otra parte, hace muy bien la primera vicepresidente en pasar a la contraofensiva y poner en evidencia la desfachatez de sus acusadores y demandar una investigación sobre el complejo entramado montado por el pasado régimen para saquear virtualmente a EsSalud, entidad en la que mantienen una red de elementos aferrados a los cargos recibidos como canonjías que otorgaba el pasado régimen.

Es esa red corrupta, sectaria y mafiosa, la que trata de atar las manos de una nueva administración caracterizada por su transparencia y conocimiento del tema y conducida por un profesional de alto nivel y trayectoria importante de lucha social y gremial, precisamente, en el organismo ahora a su cargo.

Esa red libra una especie de guerra sucia cuyas armas son el sabotaje, las filtraciones interesadas y el obstruccionismo, y debe ser erradicada para que EsSalud salga de la crisis en la que la dejaron quienes la manejaron en función de intereses nada santos y sobre todo ajenos a los asegurados, que respaldan la reorganización que la haga más eficiente y mejore los importantes servicios que ofrece.

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