Un reclamo justo

En medio de la crisis que atraviesa la lucha contra la fracción senderista que en las semanas pasadas causó la dolorosa muerte de nueve policías y militares enviados a combatirla, cobra dramática vigencia la necesidad de dotar a las Fuerzas Armadas y a la Policía de los recursos necesarios para su equipamiento y para el mejoramiento de las condiciones en las que luchan contra la violencia demencial y extremista del llamado clan de los Quispe Palomino.

| 16 mayo 2012 12:05 AM | La Primera Palabra | 850 Lecturas
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Ya se ha dicho hasta el cansancio que tropas mal armadas, mal dirigidas y mal tratadas, que pasan mil penurias en un terreno que el enemigo domina a plenitud y ellas apenas conocen, no son lo más indicado para librar con éxito una guerra originada por el abandono estatal del Vrae y la desidia y la inoperancia de sucesivos gobiernos que se conformaron con la rendición de la cúpula senderista y dejaron crecer, a la sombra del narcotráfico, la violencia subversiva en ese territorio.

A raíz de las lamentables pérdidas sufridas en el Alto Urubamba y la registrada la semana pasada en el Vrae –y de la crisis ministerial recién superada que provocaron esas derrotas- muchos analistas, exmilitares, parlamentarios y otras voces han coincidido en que esa guerra, que ciertamente debe librarse sobre todo en el plano socioeconómico y político, no cuenta con los recursos necesarios por la rigidez de quienes han manejado la economía nacional en las dos últimas décadas.

Iniciativas concretas en el ámbito militar, como la adquisición de equipamiento clave o la profesionalización de los soldados que impida que tropas sin experiencia tengan que enfrentarse con avezados combatientes, se han frustrado por la invariable e indolente letanía de que no hay dinero o, peor aún, que el dinero, cuando abunda, como ahora, no se puede gastar.

Esa terquedad debe terminar. No debemos continuar la situación presente de privaciones y limitaciones deplorables que atraviesan los militares y policías, cuando el país tiene 46 mil millones de dólares en reservas intocables.

La primera medida debe ser, como justamente reclaman las organizaciones de militares y policías retirados, el otorgamiento de sueldos dignos a quienes ponen el pecho enfrentando situaciones que no son de su responsabilidad. Y debe hacerse sin subterfugios ni mezquindades, sin regateos propios de tenderos y contables, no de estrategas políticos o económicos.

La atención a los discapacitados a causa del conflicto, las viudas y los hijos de los caídos, es también urgente. Dinero hay. Solo falta la decisión para que se les haga justicia.


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