Un juego peligroso

El acentuado autoritarismo del gobierno está comenzando a ir más allá de las palabras y a traducirse en acciones que amenazan, en nombre de un mal entendido principio de autoridad, con echar abajo importantes avances democráticos, expresados en la apertura de nuevas vías de participación ciudadana a través del dialogo y la negociación, caminos de paz que más de una vez han salvado al país de la colisión fratricida y dolosamente inútil, al que se encaminaba por el perverso tandem entre la protesta social, producto de las necesidades y aspiraciones insatisfechas de la sociedad, y la represión policial y militar a la que apelan quienes no tienen la capacidad de administrar el país con sabiduría y ascendiente legítimo sobre la ciudadanía.

Por Diario La Primera | 19 jul 2009 |    

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…ni una sola vez la bala y los gases lacrimógenos han logrado resolver los conflictos…

A tal retroceso apuntan la insensata pretensión de ponerle plazo a los diálogos con las organizaciones sociales, bajo amenaza de imponer la ley del orden lenguaje propio de gobernantes poco democráticos que han llenado de desgracias a sus países. Menos comprensible es aún, cuando el país lo que necesita es una conducción más sensible socialmente, la decisión del Ejecutivo de no abrir más mesas de diálogo con las regiones y dejar sus problemas acuciantes en manos de los respectivos gobiernos regionales, en nombre de un descentralismo que niega a esas administraciones recursos y facultades y sólo pretende transferirles las papas calientes de la conflictividad social.

Tampoco tiene lógica la advertencia-amenaza de que el gobierno no discutirá siquiera las demandas de derogar leyes ni asumirá compromisos para la derogación, por pertenecer esa facultad a los fueros del Congreso, como si la inoperancia punible del Poder Legislativo no hubiera sido el detonante de la dolorosa crisis de la Amazonía, como si el parlamento tuviera la autoridad y el prestigio social necesario para tratar las demandas sociales.

Es aún más grave el rechazo a acordar en diálogos democráticos el cambio o la derogación de leyes, cuando el anterior premier se comprometió a tratar puntos de ese tipo con la dirigencia amazónica y con las de Andahuaylas y Canchis, por mencionar algunas.

Y sobre la persistente y provocadora afirmación de que el gobierno impondrá la ley y el orden si en plazos razonables el diálogo no plasma en acuerdos, valga recordar que ni una sola vez la bala y los gases lacrimógenos han logrado resolver los conflictos, ni siquiera con el recurrente y poco creíble argumento de la supuesta “guerra fría” en la que nos quieren meter quienes quieren ignorar los graves problemas internos que tensan a nuestra sociedad y eludir la responsabilidad que tienen por no solucionarlos.


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