Un escándalo que avergüenza

El escándalo que protagoniza quien oficia como cabeza visible de la fracasada revocatoria de la Alcaldesa de Lima ha puesto nuevamente en evidencia la baja ralea de los políticos tradicionales, de los que se libró la ciudad al dar la victoria en las urnas a quien, por sobre todas las cosas y al margen de cualquier otra consideración, representaba y representa todo lo contrario a esa práctica que ha degradado y envilecido al ejercicio de la política, una actividad que, en esencia, es altruista y solidaria.

| 20 julio 2012 12:07 AM | La Primera Palabra |1.1k Lecturas
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Avergüenza e indigna a los ciudadanos de bien escuchar en los audios a ese personaje, hablando con desparpajo sobre la manipulación mediática y política de la buena fe de los limeños, para una tenebrosa conspiración que, hoy no cabe duda, tenía –y tiene todavía- el objetivo de defenestrar al gobierno municipal legítimo para restaurar allí el imperio de la corruptela y la insensibilidad, disfrazadas con el maquillaje de su prensa aduladora, de éxito y eficiencia.

El desprecio con el que se expresa el sujeto en los audios, sobre los ciudadanos de a pie, tarifando su voluntad y su civismo en cincuenta céntimos por cabeza; las descaradas referencias a la fabricación de mentiras para alimentar la campaña de la revocatoria, las carcajadas burlándose de la buena fe de la gente, las menciones al dinero como único respaldo de la conjura; han tenido por otra parte la virtud de que los limeños y los peruanos en general sepan cómo son esos políticos para quienes el servicio público no es servicio a la colectividad sino asalto a los recursos que son patrimonio de todos.

Cae ya en el terreno de lo despreciable la cara dura del protagonista de esta triste historia que, si tuviera un mínimo de sentido de la dignidad y la vergüenza, se tendría que ir a vivir a un país lejano o, al menos, se sumiría en un discreto retiro por un buen tiempo, hasta que el escándalo se olvide o el tiempo lo haga más llevadero.

En lugar de ello, el personaje se ha declarado víctima y hasta pretende denunciar a la televisora que difundió los audios de la vergüenza y hasta a la alcaldesa, con la cínica lógica que debe ser acusada por ser “beneficiaria” de las revelaciones.

Pero, además, pretende hacer creer a los limeños, ofendiendo su inteligencia, que las grabaciones, en las que compromete al exalcalde y su entorno, fueron hechas a propósito y con un guión ficticio.

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