Todos con Arequipa

Las muertes y los cuantiosos daños materiales causados por la torrencial lluvia que la semana pasada inundó virtualmente a la ciudad de Arequipa, la peor de la historia, según los meteorólogos, deben servir para que el Estado, como parece haber comenzado a hacerlo, demuestre su capacidad de reacción y de cumplimiento de su obligación esencial de atender y proteger a sus ciudadanos.

| 13 febrero 2013 12:02 AM | La Primera Palabra | 1.2k Lecturas
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Son decenas de miles los damnificados y miles las viviendas dañadas por las aguas, habiéndose estimado las pérdidas, preliminarmente, en unos 300 millones de soles, pues la furia de la naturaleza ha devastado infraestructura de importancia estratégica y ha afectado hospitales de la Ciudad Blanca, entre otros efectos destructivos; sin que tengamos todavía claro el monto de los daños en el agro arequipeño.

Es destacable la serenidad con la que, apenas transcurrido el desastre y cuando todavía el lodo y la desolación cubrían a la urbe arequipeña, los municipios, el gobierno regional y el gobierno nacional han reaccionado y se han puesto en acción con el apoyo del Ejército para limpiar calles y caminos y comenzar la crucial tarea de mitigar los daños y reparar las grandes pérdidas.

La enorme labor emprendida contará ciertamente con la entereza, la valentía y la decisión de enfrentar las adversidades, que históricamente ha caracterizado al pueblo arequipeño, que cuenta con la solidaridad de todos los peruanos, sin que esta actitud fraterna pueda ser perturbada por la mezquindad de quienes, carentes de grandeza, pretenden aprovechar la desgracia con estrechos fines políticos.

Lo sucedido nos recuerda, lamentablemente en forma nada deseable, que el Perú y su compleja geografía están constantemente expuestos a catástrofes como la que lamentamos en estas líneas, por lo que es necesario reforzar las políticas de prevención, construyendo obras que atenúen los efectos de algún nuevo desastre, evitando asentamientos donde la gente y sus casas queden expuestas a inundaciones y a la muerte.

Hay que estar, pues, preparados, atentos a los informes meteorológicos, en cada temporada de lluvias, como lo debemos hacer ante la alta probabilidad de un sismo de magnitud que ha determinado la decisión de hacer periódicos y obligatorios los simulacros.

Y sobre todo, como lo está demostrando el pueblo de Arequipa, mantener una actitud solidaria, indispensable para enfrentar trances de este tipo, que requieren de la más férrea unidad, dejando de lado cualquier diferencia.


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