Tiempo de unidad

Casi dos siglos de sueños y esfuerzos por la unidad latinoamericana parecen por fin comenzar a hacerse realidad, en cumplimiento del mandato de la historia y de los héroes de la independencia, por la que nuestros antepasados lucharon codo a codo, sin distingos, y por decisión de los pueblos y urgencia de los tiempos, que obligan a las naciones a formar bloques para defender sus intereses ante aquellos que quieren avasallarlos.

| 04 diciembre 2011 12:12 AM | La Primera Palabra | 1.4k Lecturas
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En Caracas, en una cumbre plural y por unanimidad de gobiernos tan disímiles como el neoliberal de Chile y el socialista de Cuba; los de línea progresista y los de posiciones más conservadores, nació ayer la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), como organización regional autónoma y ajena a tutelajes y como mecanismo de concertación y coordinación política, así como de integración y cooperación horizontal.

Por fin todos, los 33 países latinoamericanos y caribeños, decidieron dejar de lado sus diferencias y poner por delante sus comunes aspiraciones al desarrollo y al ejercicio pleno de su soberanía; sus grandes posibilidades de trabajar juntos en proyectos concretos, unir sus mercados, articular sus caminos, compartir sus recursos, intercambiar potencialidades; hacer oír su voz, más unida y por tanto más potente, para que los poderes mundiales no nos sigan mirando por encima del hombro y nos tengan más respeto.

Ciertamente la unidad regional recién empieza y la nueva organización no tiene definidos algunos temas claves, como el procedimiento de toma de decisiones, que por ahora será por consenso, lo que dará pie a que un país en desacuerdo pueda vetar lo que acuerde la mayoría. Pero el primer paso ha sido dado.

La flamante Celac tiene a favor la voluntad decisiva de los pueblos, que ven en la unidad el único camino que lleva al futuro que le debemos a las nuevas generaciones. Pero también hunde sus raíces en las empresas multinacionales de San Martín y de Bolívar, en nuestra historia de héroes compartidos que construyeron nuestras repúblicas; de intentos fracasados, como el Congreso Anfictiónico de Panamá de Bolívar; de guerras fratricidas que nos enseñaron que enfrentarnos nos desangra y nos aleja.

Celac tiene sus antecedentes más recientes en el Grupo Contadora y el Grupo de Río, que respondieron en décadas pasadas a la necesidad de buscar soluciones a nuestros problemas entre latinoamericanos, y en los grupos subregionales integracionistas, que ahora deberán articularse en la grande y nueva Comunidad.

Las características de la integración inaugurada ayer, sin ejes ni exclusiones odiosas por prejuicios o fundamentalismos ideológicos, demuestran que la nueva política exterior peruana está a tono con los tiempos, pues desde el 28 de julio se acabaron los alineamientos y los enconos absurdos y comenzó una ruta de hermandad latinoamericana inclusive, con todos y para todos.

Es en ese marco que entre los acuerdos o declaraciones de Celac hay ya dos que responden iniciativas peruanas: el apoyo a la Conferencia Internacional de Lucha contra el Narcotráfico del año próximo y el llamado a la inclusión social mediante políticas de desarrollo humano y equidad.


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