Solamente una pausa

La suspensión de la erradicación forzosa de cultivos de hoja de coca ha sido explicada en forma minuciosa por los responsables de la política de lucha contra el narcotráfico como una pausa para pensar, revisar y replantear la política general en la materia, habida cuenta que no ha sido precisamente exitosa en los términos en el que la mantuvieron las anteriores administraciones.

| 18 agosto 2011 12:08 AM | La Primera Palabra | 592 Lecturas
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Si bien puede resultar justificada la preocupación de sectores convencidos de la pertinencia de eliminar cocales ilegales cuya producción aprovechan los traficantes, no es menos cierto que la erradicación compulsiva, con apoyo militar y no pocas veces generadora de violencia, no ha redundado en una reducción efectiva del área dedicada a ese cultivo ni, peor aún, de la producción de cocaína, en la que el Perú disputa con Colombia el dudoso honor de ser primero en el mundo.

Es una verdad monumental que los resultados demuestran que, mientras en una zona se erradica, los cultivadores se desplazan tierra adentro a deforestar bosques para volver a sembrar coca.

Han transcurrido así largos años de una especie de círculo vicioso en el que ni se resuelve el gran desafío social de dotar de medios alternativos de subsistencia a quienes por necesidad la buscan en esas plantaciones, ni se reducen efectivamente la extensión de los cocales, ni disminuye la producción de droga que surte sobre todo a los consumidores de países desarrollados que deben compartir efectivamente las responsabilidades del problema.

Las autoridades encargadas han aclarado también que la pausa será por poco tiempo, tras el cual se retomará la erradicación, en otros términos, para que sea efectiva y eficiente, lo que esperamos signifique garantizar que los cultivadores tengan otras opciones económicas, sean otros cultivos con apoyo financiero, técnico y logístico y mercados asegurados, o sean otros empleos en nuevas actividades. De esa manera no buscarán nuevas áreas para volver a sembrar coca.

La nueva política debe estar enfocada, como se ha ofrecido, en impedir el suministro de sustancias químicas sin las cuales es imposible producir la droga, y en combatir el lavado de dinero que convierte en negocios de apariencia decente la riqueza que los traficantes obtienen del vil negocio, ante la vista gorda de ciertas autoridades y grandes empresarios.

A esas acciones debe sumarse la búsqueda y captura de peces gordos del narcotráfico, ausente en el quinquenio de gobierno que ha terminado, al punto que los logros que ese régimen exhibe en la lucha antidrogas, corresponden a un par de grandes casos iniciados en el primer lustro de la pasada década; algo que amerita ciertamente una investigación y un esclarecimiento.

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