Silencio que otorga

El jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas nada gana guardando silencio, pues le debe una explicación al país y al gobierno, por la situación complicada en que se encuentra, a los ojos de la ciudadanía, el Ejecutivo, debido a que los hechos han demostrado y lo han mostrado los medios de comunicación profusamente, que el cuadro de situación de la lucha contra los narcoterroristas en la selva del Cusco, presentado oficialmente, no correspondía a lo que estaba ocurriendo en realidad.

| 20 abril 2012 12:04 AM | La Primera Palabra | 1.7k Lecturas
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Sin caer en excesos de generales con gran experiencia en batallas perdidas, ni en juicios arrogantes como los que lanzan un fracasado exministro del Interior y otro extitular de la misma cartera convertido en confidente de una embajada extranjera, tampoco caeremos en el error de denostar a nuestros soldados y policías con palabras altisonantes que son fáciles de lanzar cuando uno está lejos del campo de batalla.

Pero no podemos dejar de decir que el citado jefe militar, al callar ante el verdadero escándalo desatado por las revelaciones periodísticas de los últimos días, que han desatado una andanada de críticas contra el Ejecutivo, parece rehuir sus responsabilidades, sin hacer un deslinde.

Porque, insistimos, por el alto cargo que ejerce, su deber era, y es, tener en sus manos toda la visión estratégica de la defensa nacional y la seguridad interior, y en concreto la información minuciosa de lo que estaba ocurriendo tras el secuestro masivo de Kepashiato y cuál era la situación real de las operaciones contra los narco-secuestradores.

Y si a alguien le quedara alguna duda, él estaba en el terreno, en el puesto de mando de Kiteni, junto al director general de la Policía Nacional, a cargo de la dirección de las operaciones, es decir al mando de las acciones de las fuerzas combinadas militares y policiales y tiene al menos que explicar dónde estaba el cerco tendido a los subversivos, que un grupo de periodistas pudo entrar a la zona de conflicto, entrevistar a los narcoterroristas y recorrer los puntos en los que las fuerzas del orden sufrieron los ataques del enemigo.

Es en esa instancia y no en otra donde están las responsabilidades, aunque no quieran verlo quienes, en la letanía revanchista de los que no se resignan a haber perdido el ejercicio directo del poder, aprovechan una vez más la coyuntura para tratar de medrar de la situación en función de sus intereses, retardatarios y ajenos a los del pueblo peruano.


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