Serenidad sobre todo

El presidente de Chile ha sido provocador, o al menos impertinente y definitivamente contradictorio, al decir al mismo tiempo y en un solemne mensaje al Congreso de su país –oportunidades en las que las palabras se sopesan cuidadosamente y no hay espacio para la improvisación- que defenderá en La Haya “nuestros mares y nuestra soberanía, en el marco del derecho internacional” y que sus fuerzas armadas “se encuentran plenamente capacitadas para cautelar nuestra soberanía y proteger nuestro territorio”.

| 22 mayo 2012 12:05 AM | La Primera Palabra | 882 Lecturas
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Ha sido contradictorio porque al someterse a lo que disponga la Corte Internacional de Justicia está aceptando, como lo ha dicho varias veces, que ha optado por el camino de la legalidad y de la solución pacífica y civilizada de la controversia entre nuestros dos países, no puede invocar a renglón seguido a sus fuerzas armadas, es decir al uso de la vía militar que tanto ha desprestigiado históricamente al vecino país. Piñera debe decidirse, o lo uno o lo otro.

Ha sido provocador, porque la indignación que motiva en los sentimientos de los peruanos la arrogancia y la prepotencia que destilan sus palabras, puede encender los ánimos de manera inconveniente para todos.

Ha sido impertinente porque ha amagado sobre la trabajosa distensión que se ha construido, sobre todo desde el Perú, para esperar con serenidad y espíritu constructivo el fallo de La Haya, que zanje de una vez la controversia, para no tener más problema alguno de límites con un país que no ha sabido ser buen vecino, lo que genera naturales resquemores.

Los motivos de la actitud de Piñera deben encontrarse en el acelerado deterioro del respaldo ciudadano a su gestión y en los graves problemas sociales que confronta, principalmente por las masivas protestas estudiantiles en demanda de una mejor y más inclusiva educación, que parecen cercar al gobernante vecino. Es legítimo presumir que sus frases provocadoras tengan así objetivos de política interna.

Pero cualquiera sean sus motivos, está exacerbando irresponsablemente a los halcones chilenos, que piden abiertamente patear el tablero de La Haya; está jugando con fuego, lo que merece nuestro repudio, sin que ello signifique caer en el juego de esos sectores, que pretenden impedir que el proceso en la Corte Internacional de Justicia termine, a fin de evitarse un fallo adverso.

Hay que mantener la firmeza pero no perder la serenidad. Hay razones para mantener el aplomo, como lo mantiene el Canciller de la República, al señalar que el Perú está convencido de que la Corte Internacional de Justicia de La Haya le dará la razón, por la solidez de sus argumentos.


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