Respetos guardan respetos

Los miembros del gobierno, sus parlamentarios y los medios que les suelen invocar ululantes, denunciando falta de respeto a la investidura presidencial y al gobierno como expresiones democráticas consagradas por la voluntad popular, cada vez que algún órgano de prensa como LA PRIMERA o algún dirigente político o social alza la voz para denunciar el deplorable estado de cosas en el que está sumido el país, presa de la corrupción, la incapacidad de quienes administran el país y la irresponsabilidad de proclamar que vivimos en el mejor de los mundos.

| 25 octubre 2009 12:10 AM | La Primera Palabra | 453 Lecturas
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Habría que decirles a quienes se rasgan las vestiduras cada vez que la denuncia firme o la ironía desenfadada sirven de instrumento para mostrar el país real, lejos de la imagen virtual y colorida pero falsa que ponen ante nuestros ojos con fines distractivos los beneficiarios del poder, cada vez más desembozados en el uso de ese poder con fines poco edificantes.

Qué peor falta de respeto a la democracia y a la respetabilidad que reclaman para sí el gobierno y el presidente, que maniobrar bajo la mesa para silenciar críticas que incomodan usando el poder que el pueblo les dio con otros fines, y poner luego cara de “yo no fui” y hasta reclamar pruebas, como hace quien cree que ha hecho tan meticulosamente y bien cubierto el “faenón” de turno, que nadie podrá probarlo.

Sólo así puede explicarse la cara dura de silencio que ha decidido poner el ex primer ministro Jorge del Castillo, atrapado en falta al revelar LA PRIMERA que hizo nombrar a un alto cargo de la lucha antidrogas a su nuera, una abogada sin más méritos, hasta donde sabe la opinión pública, que una fugaz carrera periodística que terminó cuando su esposo, otro poderoso bajo sospecha, dejó de manejar –sin éxito, por cierto– el canal de televisión en el que la señora trabajaba.

Seguro que el famoso Tío George usará nuevamente su poder para hacernos creer que es legal que su nuera tenga semejante y bien remunerado cargo, por ejemplo porque, en definitiva, su suegro no es miembro del gobierno y la prohibición legal de nombrar familiares no se aplica; como cuando dijo ante dudas sobre su patrimonio, que una fabulosa casa en Miami no era de él sino de su ex esposa. Es posible que lo logre otra vez, pero no debe olvidar aquel viejo dicho de que la mujer del César no sólo debe ser honrada sino parecerlo, aunque hay casos en que la mujer del César está tan deshonrada que no hay maquillaje que lo disimule.

Si sabe oír consejos, el ex primer ministro debería apresurarse en sugerir a su afortunada nuera que renuncie con algún pretexto, como lo piden parlamentarios y analistas ajenos a posiciones radicales, y acabe de una vez con este escándalo.


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