Repugnante algarabía

Resulta por demás repugnante que los miembros del gobierno saliente y el resto de los políticos y empresarios fundamentalistas del mercado y cómplices de la corrupción generalizada, que fracasaron en las elecciones porque el pueblo optó por una opción de cambio, hayan estallado en una triunfalista algarabía por la decisión del presidente electo de ratificar al presidente del Banco Central de Reserva.

| 21 julio 2011 12:07 AM | La Primera Palabra | 702 Lecturas
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Ciertamente el personaje ratificado no ha ocultado que, como conspicuo militante de un conocido y declinante partido tradicional, se identifica con el bando de quienes están empeñados en diluir y mediatizar el proyecto de cambio en democracia por el que votó la mayoría nacional. Esperan que la frustración desmoralice y desmovilice así al pueblo, sofocando sus anhelos de transformación política y social en aras de la equidad y la justicia. Y por eso tiene sentido que se sientan contentos con la sorpresiva decisión.

Sin embargo, de allí a que pretendan erigirse en supremos jueces de la conducción política y económica del nuevo gobierno y hasta extender certificados de buena conducta y de administración capaz, hay una distancia que no han dudado en recorrer, con la desvergüenza de quienes no quieren entender que la ciudadanía los ha desaprobado y les ha dado de baja en términos tal vez históricos.

No quieren aceptar que su manera de ver la política, las relaciones sociales, la economía, la cultura, el país y el mundo, ha sido rechazada en las urnas, pese –no hay que olvidarlo- a que para impedir la victoria popular usaron sus millones y sus mayordomos mediáticos, que tampoco tienen el decoro de la discreción ante el revés sufrido en las urnas.

Más ponderado y definitivamente distinto, aunque en algunos casos crítico –desde un punto de vista sano y constructivo- ha sido el enfoque que sobre la designación han expresado analistas políticos que proceden del mundo académico y el activismo social y no de círculos cortesanos en los que el afán es adular y medrar del poder, a espaldas del pueblo y de la nación.

Los analistas citados han señalado, en síntesis, que el nombramiento está referido a una responsabilidad no decisiva y que el designado no podrá impedir la ejecución de los programas sociales y otras medidas de cambio prometidas por el presidente electo. Han dicho también que, en todo caso, lo importante es quiénes serán los ministros, pues serán ellos los responsables de ejecutar las decisiones gubernamentales.

Por nuestra parte, como diario que contribuyó a la victoria del pueblo y la nación sobre el modelo político y económico excluyentes, queremos compartir ese optimismo y confiamos en que el nombramiento, que tanta polémica, justificada, ha motivado, no afecte el desempeño de un gobierno elegido para transformar el país en beneficio de las mayorías excluidas. Confiamos en que el nuevo gobierno estará a la altura de las esperanzas y de la ilusión de ese pueblo sufrido y vilipendiado que anhela su reivindicación histórica.


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