Renovación necesaria

Los periodistas veteranos, amén de memoriosos, recuerdan a los briosos jóvenes diplomáticos que, en los 70 y los 80 clamaban porque los entonces santones de Torre Tagle se hicieran a un lado y dejaran el paso a las nuevas generaciones, que no obstruyeran el necesario recambio generacional ni frustraran la beneficiosa renovación de cuadros que debe haber en toda institución pública o privada.

| 11 setiembre 2011 12:09 AM | La Primera Palabra | 1.1k Lecturas
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Parece mentira que algunos de aquellas nuevas generaciones de egresados de la Academia Diplomática pretendan ahora perpetuarse como embajadores, solo por intereses personales o de grupo, alegando que son indispensables por la alta calificación y la experiencia que tienen.

Usan ese argumento para oponerse, con el apoyo de sectores ligados a la dictadura de los 90, a un sensato proyecto de ley enviado por el Ejecutivo al Congreso de la República, para derogar un dispositivo legal que exceptúa a los embajadores que alcanzaron este grado antes del año 2000, de la obligación de dejar el servicio diplomático al cumplir 20 como embajadores o cumplir 70 años de edad.

Aquella norma resulta anticonstitucional, como bien lo ha señalado el Colegio de Abogados, por haber sido dictada en función de las personas, lo que no admite la Carta Magna. Divide a los embajadores peruanos entre los que tienen que irse indefectiblemente al cumplir 20 años de servicios como tales, y los que pueden superar este límite y continuar hasta los 70 años de edad, aun cuando, como ocurre actualmente, hayan ya servido como representantes en hasta siete países durante 25 años o más y tengan hasta 45 años de servicios al Estado.

Sobre el alegato que invoca que la experiencia y la calificación de esos veteranos es indispensable para la Cancilería, ciertamente no es admisible poner en duda las cualidades que los han llevado al máximo nivel de la carrera diplomática ni negar los señalados servicios que han hecho, unos más que otros, a los intereses nacionales.

Pero tampoco se debe olvidar que buena parte de ellos sirvieron con entusiasmo a la dictadura de los noventa, bajo la cual hicieron un importante tramo de sus carreras; ni debe obviarse por cierto el hecho que ellos no enfrentaron las exigencias crecientes para el ingreso a la Academia Diplomática –como haber hecho una maestría, entre otras- y para ascender a embajadores no tuvieron que cumplir los grandes requisitos exigidos a las nuevas generaciones.

Apelar a la experiencia del círculo de embajadores privilegiados, por lo demás, parece negar el hecho que diplomáticos más jóvenes, con 20 años en la carrera, la tienen en medida considerable.

Tampoco es válido el argumento de que el proyecto enviado al Congreso privará al país del concurso de diplomáticos notables. Los excancilleres García Belaunde y Wagner son nuestros coagentes en el proceso con Chile en La Haya y seguirán siéndolo, como lo ha informado el Canciller de la República, independientemente de que el primero se retirará del servicio diplomático en febrero próximo, por cumplir 70 años, y el segundo lo hará el próximo año.

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