Reingeniería necesaria

La reingeniería emprendida por el gobierno en la Policía Nacional ha sido acogida con beneplácito por la ciudadanía, que desde hace años esperaba acciones para hacer más eficiente, transparente y útil a esa institución fundamental para la seguridad ciudadana.

| 12 octubre 2011 12:10 AM | La Primera Palabra | 1.3k Lecturas
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Los sondeos entre radioescuchas y lectores que han realizado diversos medios de prensa han verificado que la población saluda la primera medida, consistente en cambiar al director general de la PNP y retirar a otros 29 generales, porque el reemplazante era menos antiguo que estos y, de acuerdo a las prácticas institucionales, no puede tener mando sobre ellos.

El ministro del Interior ha explicado que, además, había un número desproporcionado de generales, más de 50, por lo que el total será reducido finalmente a 20 y posteriormente habrá una reducción, basada en la meritocracia, de coroneles y comandantes, que dejará fuera paulatinamente a unos 1,700 de esos grados, también porque la cifra es excesiva.

La reducción anunciada es solo parte de la reingeniería integral que, tras una evaluación del alto mando ordenada por el presidente Ollanta Humala, ha emprendido el citado ministro, con el fin de que la PNP pueda desempeñarse adecuadamente para enfrentar al terrorismo, el narcotráfico y la inseguridad ciudadana.

Si bien es cierto no hay ninguna imputación contra los generales retirados, la reingeniería incluye una lucha decidida para extirpar la corrupción que golpea con fuerza tradicionalmente a la Policía y que le ha hecho perder jerarquía y autoridad sobre los ciudadanos, sin que esta realidad pueda servir para generalizar ni afrentar a los oficiales y suboficiales de conducta honesta y transparente que son la reserva institucional.

Frente a la magnitud del problema y la envergadura de las decisiones tomadas, suenan ridículos los ataques que contra la reforma lanzan sectores políticos irracionales y elementos desprestigiados por servir a intereses extranjeros, que fungen de especialistas en temas policiales.

Esos impugnadores creen que hacer oposición es atacar cualquier decisión del gobierno, aun cuando los argumentos que esgrimen sean forzados e inconsistentes y la decisión cuestionada sea necesaria y cuente con consenso social, como en este caso.

Frente a esos absurdos ataques, la reingeniería policial ha recibido un espaldarazo técnico y ajeno a intereses políticos mezquinos, manifestado abiertamente por el representante del organismo de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, funcionario especializado que elogió los anuncios del ministro del Interior.

Con ese aval, el gobierno parece decidido a seguir adelante y rescatar a la Policía de sus problemas estructurales, a los que en el pasado quinquenio se agregó el manoseo político que utilizó a una institución de servicio público para fines sectarios, con favoritismos sobre los cuales nada dijeron los que hoy se oponen al cambio, también en este terreno.

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