Qué coincidencia

Dicen que en política y en matemática no hay coincidencia. Y podríamos agregar que en el sucio y mal oliente terreno de la corrupción tampoco. Y es en este ámbito donde esas coincidencias, cuando hay verdadera voluntad de esclarecer los casos de corrupción y castigar a los culpables, son investigadas en profundidad y concatenadas con otras coincidencias, para convertirse en indicios y construir convicciones y pruebas para juzgar y condenar a los corruptos.

Por Diario La Primera | 29 ago 2010 |    

La reflexión viene al caso cuando, casi dos años después del vergonzoso e indignante escándalo de los “petroaudios”, tenemos la confirmación indubitable de que, ¡oh casualidad!, la fiscal del caso BTR, derivado del primero, una que tuvo una participación decisiva en la incautación del material informático que la ejecutiva de la empresa de espionaje BTR tenía en su casa, en el visionado y examen del mismo, era compañera de estudios universitarios del principal implicado, el ex ministro aprista Rómulo León, para muchos el símbolo de un quinquenio signado por la corrupción en todas sus variantes.

Podríamos ceñirnos al principio de la presunción de inocencia, según el cual no necesariamente hay algo incorrecto en que dos personajes claves en dos procesos que son parte de un mismo tema, hayan tenido estrecha amistad en las aulas de la facultad de derecho de una conocida universidad. Podríamos pensar que esto no es más que una coincidencia.

Pero la coincidencia se viste de sospecha, en un caso en el que la justicia parece desde el principio estar siendo manipulada por la mano negra de poderes que buscan la impunidad, cuando revisamos nuestros archivos y verificamos que León había ocultado la vieja amistad señalando que la fiscal era sólo una conocida, y que esta había reaccionado casi ofendida, señalando poco menos que no conocía al personaje ni en pelea de perros.

Y la sospecha cobra matices de indicio, ante el hecho clamoroso de que piezas decisivas y eventualmente incriminatorias para gente de poder, han desaparecido, según todos los elementos disponibles cuando estaban en manos de la policía y el Ministerio Público; algo que sólo podría ser beneficioso para los involucrados en el caso “petroaudios”, como cierto alto personaje caradura que en estos días busca reciclarse como figura política, demócrata y hasta analista, para los que aún permanecen en la sombra y para quienes buscan que todo quede en la impunidad y jamás se haga justicia.

Sin que sirva de consuelo ni desaliente a quienes buscamos que los culpables vayan al banquillo y paguen sus culpas, las coincidencias, sospechas e indicios y los sólidos elementos de prueba ya constituidos, determinan que la opinión pública ya tenga a los culpables y los señale, por más maniobras que pretendan engañarla.


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