Pura fachada

No le hizo mucha gracia al todavía presidente que un analista le dijera, en nuestra opinión en forma atinada, que su frenesí de inauguraciones de solo fachadas se debía al desesperado afán de recuperar posiciones en las encuestas, en las que la mayoría de la población lo ha desaprobado, confirmando que la percepción ciudadana está muy lejos del alabancioso y ególatra triunfalismo del voluminoso personaje.

| 17 julio 2011 12:07 AM | La Primera Palabra | 785 Lecturas
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Pero el término fachada está yendo más allá y, conforme las comisiones de transferencia del nuevo gobierno van conociendo la realidad de los organismos, se va viniendo abajo la apariencia de orden, responsabilidad y éxito que ha querido vendernos, por cierto sin mucha fortuna, el régimen aprista y con particular énfasis quien lo gobierna con delirios mesiánicos que lo llevan a hablar de grandeza y de proyección histórica como conceptos que pretende atribuir a su régimen.

Esa verdad aparente y fabricada fue construida, casi obvia decirlo, con un acompañamiento mediático cómplice que se dedicó a la alabanza del régimen y a abstenerse del deber de comprobar e investigar la veracidad de las aseveraciones oficiales.

Peor aún, ese deplorable coro intentó acallar, con ataques y con el silenciamiento, a las pocas voces que intentaban descorrer el velo de perversa fantasía que cubría la imagen del gobierno próximo a terminar.

Como las locaciones cinematográficas que los diestros escenógrafos arman para montar un barrio o una ciudad entera de otra época o del futuro, para una realidad solo de fantasía, aunque en este caso al noble servicio de la creatividad, las ínfulas de buena administración y eficiencia, se convierten en simple armazón y fachadas cuando se apagan las luces y vuelven a su realidad de apariencias y fingimiento.

Así lo han puesto en evidencia los informes de las comisiones de transferencia de sectores como Salud y Transportes, entre otras que eran “las joyas” de las que más se ufanaba el régimen.

Esos informes dan cuenta de gastos bajo sospecha de corrupción, negocios de dudosa transparencia que amarran al Estado peruano, es decir, a los próximos gobiernos, con obligaciones financieras que comprometen la estabilidad y la capacidad de hacer obras de diversos ministerios.

El ingreso masivo de empleados públicos temporales o permanentes ha sido otra constante que constituye una especie de bomba de tiempo burocrática que el nuevo gobierno debe desmontar de manera inteligente pero severa, habida cuenta que todo indica que han sido el carné partidario o el padrinazgo gubernamental, el factor determinante para la mayoría de esas contrataciones, aunque lo nieguen quien nos gobierna y quienes lo secundan, sin más pruebas que su atosigante y devaluada palabra.

En su labor de verificación de lo que deja el gobierno próximo a fenecer, las comisiones de transferencia de Gana Perú han encontrado diversos indicios de corrupción que deberán ser investigados y puestos en manos del Poder Judicial para las sanciones a que hubiera lugar.


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