Provocación inadmisible

Ha hecho bien el Canciller de la República en responder de manera serena, sin caer en la provocación, a las condenables declaraciones del personaje pinochetista que ejerce el cargo de ministro de Defensa de Chile, según el cual en el Perú hay hostigamiento permanente a Chile y nuestro país dice ser amigo del suyo, pero lo demandó en forma supuestamente inamistosa ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya.

| 15 junio 2012 12:06 AM | La Primera Palabra | 787 Lecturas
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Sin rebajarse a responder los exabruptos del ministro chileno, el ministro peruano ha dejado en claro lo necesario, que la demanda que nuestro país presentó ante ese tribunal no puede de ninguna manera considerarse un acto inamistoso, pues, todo lo contrario, es una manera pacífica y civilizada de resolver las diferencias entre dos países amigos.

Habría que agregar, por cierto, que si el Perú acudió a La Haya como mecanismo de solución pacífica de controversias, fue porque Chile rechazó reiterados pedidos nuestros de negociar la definición de la frontera marítima; negativa debida a las presiones de los sectores militaristas, belicistas y expansionistas que, según es vox populi en Santiago, representa el ministro de Defensa del vecino país.

La provocación del referido personaje parece estar no solamente dirigida al Perú, sino que contradice las declaraciones de su propio gobierno, favorables a esperar con serenidad lo que La Haya determine sobre el diferendo, aceptar el fallo cualquiera que sea y abrir luego una etapa de amistad y colaboración bilateral provechosa para ambas partes, aunque ya el presidente chileno las contradijo también cuando guardó distancias con La Haya al afirmar que fue el Perú quien llevó el problema a esa corte.

Es necesario señalar también que la actitud del ministro chileno, como bien apuntan en forma mayoritaria políticos y analistas en nuestro país, parece ser un síntoma de nerviosismo ante la consistente posibilidad de un fallo adverso a la posición de Santiago.

Pero es indudablemente, además, una provocación de los sectores duros del vecino país, que buscan poner en crisis las relaciones bilaterales, para enturbiar y obstaculizar el proceso que se ventila en La Haya. Y no hay que caer en ella, por lo que es correcta la serenidad del Canciller y la de todos aquellos que han opinado desde la sociedad civil sobre el tema.

Frente a la provocación chilena, el nuestro Canciller ha enarbolado también las banderas de la cooperación, la integración y el respeto mutuo que caracterizan nuestras relaciones con Chile y con los demás países de la región.

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