Preocupante descontento

La serie de paros y otras protestas desatadas en diferentes ámbitos, principalmente las de médicos y maestros, reflejan el malestar y la frustración acumulados en más de dos décadas de rigidez económica que nos ha llevado a la paradójica situación de mostrar cifras magníficas y hasta decenas de miles de dólares celosamente guardados, mientras la inequidad salarial se mantiene, junto a las promesas de que sigamos sacrificándonos, que ya llegará el día en que los peruanos de a pie, los pobres del Perú profundo, compartan los beneficios de un crecimiento que, no dejaremos nunca de decirlo, es sobre todo mérito de quienes ponen su trabajo y su esfuerzo cotidiano para producir más y mejor.

Por Diario La Primera | 05 setiembre 2012 |  635 
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Sin entrar en los detalles de cada uno de los conflictos, en todos veremos como constante que el problema, su solución o, mejor dicho, la imposibilidad de solucionarlo, está invariablemente, desde los anteriores gobiernos, en el despacho de Economía y Finanzas, que mezquina las mejoras para maestros, médicos, policías y militares, aunque para estos últimos la promesa oficial dice ahora que apunta a una significativa mejora de sus ingresos.

Otra vertiente de conflictos, la mayoría, según la estadística disponible, son los llamados conflictos socioambientales, que también se relacionan con el área estatal de la economía, que parece tener como línea priorizar las facilidades y ventajas para las empresas, sobre todo extranjeras.

El único origen de la conflictividad y del descontento social que los paros expresan, no es ciertamente haber optado por la continuidad de una política económica tradicional y de limitadas posibilidades de mejoras sociales, más allá de plausibles programas de asistencia a los pobres que nadie cuestiona.

También están los problemas de conducción en los diversos sectores, los errores de apreciación y la falta de previsión, o la inacción ante conflictos que crecen. Esto es algo que debe superarse con urgencia.

Otro ingrediente, invariablemente, es la acción de ciertos medios de comunicación y políticos conservadores y añorantes de tiempos dictatoriales, que azuzan los conflictos mientras reclaman su solución mediante la represión, en un juego irresponsable y perverso, para debilitar al gobierno y a la democracia.

No puede perderse de vista, por cierto, el componente de los elementos radicales extremos, que azuzan también, por otros intereses y similares objetivos, la confrontación a cuya sombra buscan crecer.

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