Posición principista

El golpe de Estado empaquetado en un dudoso proceso sumario senatorial que destituyó con celeridad insólita al presidente de Paraguay, ha merecido una respuesta regional que debe ser una advertencia a cualquier intentona golpista encubierta como las que antes fracasaron en Ecuador y Bolivia ante el firme apoyo de la Unasur a los gobiernos legítimos de esos países.

Por Diario La Primera | 26 jun 2012 |    

El rechazo o la preocupación por la crisis de la democracia paraguaya determinan que esta vez parece no se repetirá la vergonzosa complicidad de muchos gobiernos de la región con el golpe contra el presidente Manuel Zelaya en Honduras, complicidad que tuvo entre sus promotores al canciller peruano de entonces, que hoy vuelve a los mismos argumentos para que el Perú no se comprometa con la causa democrática y reconozca a los conjurados de Asunción.

En esta oportunidad las diferencias son solo de matices en la región: los que retiran a su embajador y los que lo llaman en consulta; y los que plantean el aislamiento diplomático solamente o sanciones más drásticas, ante la barbaridad cometida en Paraguay, donde al presidente no le dieron ni derecho a la defensa.

Nuestra Cancillería ha tenido un papel importante en solidaridad con la democracia paraguaya y ha dejado en claro que tomará sus decisiones en el marco del análisis que se haga en Unasur, bloque unitario al que el Perú ofreció incluso ser sede de la cita presidencial que, en definitiva, se reunirá este viernes en Mendoza para tratar el drama del país hermano.

Lamentablemente, otra vez se repite en nuestro país el alineamiento irreflexivo con quienes enarbolan las posiciones conservadoras, alineamiento político y mediático que pisotea principios, ignora convicciones democráticas y desdeña compromisos regionales de defensa de la democracia, para recomendar no hacerse problema.

Esas voces recomiendan hacerse de la vista gorda y hasta alegan que si el pueblo paraguayo no se ha levantado es porque está conforme o resignado, lo que supuestamente legitima el golpe, y hasta dicen que el debido proceso y el derecho a la defensa no se aplican en un juicio político.

Paradójicamente, son los mismos que claman y aplauden intervenciones de poderes foráneos y aventuras golpistas, cuando están dirigidos contra gobiernos que no son de su gusto.

Para bien de nuestra democracia, la ciudadanía de bien, los líderes y orientadores serios y consecuentes, no están dispuestos a apañar a los golpistas y aplauden el cerco democrático en torno a los golpistas paraguayos.


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