Policía ciudadana

Las medidas anunciadas por el presidente Ollanta Humala para combatir la delincuencia y dar mayor seguridad a los peruanos, las cuales esperamos se materialicen con prontitud y tengan pleno éxito, no solo están referidas a la mayor dureza de las leyes y mayor eficacia del Poder Judicial y el Ministerio Público para que los criminales sean debidamente sancionados, sino también a la urgente necesidad de que la Policía supere la larga y estructural crisis que impide su eficiencia y afecta severamente su imagen ante la población.

| 19 agosto 2011 12:08 AM | La Primera Palabra | 868 Lecturas
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El retorno de la Policía a las calles, que han quedado virtualmente en manos de los criminales, ha sido un primer paso al que seguirán otros de ordenamiento y de evaluación de sus mandos, en un plazo perentorio, así como la creación del servicio policial voluntario y la búsqueda de la participación ciudadana, sin la cual ningún plan logrará el ansiado objetivo de crear un clima de paz y tranquilidad que todos anhelamos.

Esa participación debe considerar la posibilidad de que los policías se inserten en la comunidad que cuidan, rescatando y actualizando la vieja institución del “guardia de la esquina”, que se convertía en un miembro más del barrio, interactuaba con el vecindario, participaba en las actividades comunales y hacía trabajo de prevención del delito, promovía el deporte y hasta resolvía disputas menores entre vecinos.

Símbolo de aquel policía amigo cercano fue en la vieja Lima de mediados del siglo pasado un guardia de tránsito, conocido como Nonone, que era un atractivo casi turístico, por la elegancia y la corrección con la que dirigía el tráfico de vehículos y peatones, que se ganó el aprecio de los limeños, al punto que en Navidad recibía gran cantidad de regalos de vecinos agradecidos por su buen desempeño.

Pero la seguridad ciudadana no solo debe rescatar lo bueno del pasado, sino también apuntar al futuro, pues tanto la Policía como el Poder Judicial y el Ministerio Público deben ser dotados de tecnología de punta para respaldar el combate al delito.

Es también indispensable avanzar al futuro en el terreno judicial, con la aplicación en Lima del nuevo Código de Procedimientos Penales, un instrumento esencial para una pronta y eficiente administración de justicia que simplifica y hace más expeditivos los juicios y que ya rige, con éxito, en el resto del país.

Siendo la retardación de los procesos uno de los principales obstáculos para que los tribunales impartan justicia y una vía para que los delincuentes y los corruptos encuentren argucias legales y queden impunes, la aplicación del nuevo código es tanto o más urgente que el mejoramiento y el refuerzo de la policía, el endurecimiento de las penas y otras medidas previstas.

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