Por el Perú profundo

No recordamos antecedentes de presidente alguno que haya viajado a provincias para despachar allí durante una o dos semanas, dando al Perú profundo la importancia que se merece, después de toda una historia de olvido y centralismo que impide la integración y la cohesión nacionales.

| 01 octubre 2011 12:10 AM | La Primera Palabra | 1.3k Lecturas
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Hemos estado acostumbrados a que los jefes de Estado limiten su presencia en las regiones a visitas con motivo de fiestas regionales, inauguraciones puntuales o giras políticas con agendas e intereses muy concretos.

En el pasado quinquenio aprista, el gobernante no ocultaba su desdén por los pueblos del interior, acaso porque en más de uno recibió la reprobación a veces tumultuosa del descontento por su gestión poco representativa del sentir popular.

Por eso ha sorprendido positivamente el anuncio del Presidente de la República, de que desde el año próximo hará visitas prolongadas, por lo pronto a Junín por unos 15 días, para trabajar allí por la solución de los problemas, codo a codo con los gobiernos regionales y con los pueblos del Perú.

Podrá así el mandatario dejar atrás la imagen tradicional de que los presidentes gobiernan atrincherados en el Palacio de Gobierno, en Lima y para Lima, lejos y a espaldas de las provincias, una negativa herencia que data de la época de los virreyes.

El mandatario ha tomado una decisión que, además, corresponde al gran apoyo que en las elecciones recibió de los pueblos del interior, convencidos de que era el candidato que mejor representaba los intereses de las provincias, a las que en la campaña electoral dio mayor atención que todos sus rivales, algunos de los cuales no podían pisar siquiera determinadas regiones, por su impopularidad.

El beneplácito de los gobiernos regionales y las organizaciones de la sociedad civil de las provincias, así como el movimiento sindical, ha sido inmediato y se ha manifestado con amplitud. Por encima de discrepancias, también han expresado su conformidad parlamentarios de diversas tendencias.

Y en los pueblos del interior del país se ha comenzado a generar una lógica expectativa, pues la decisión presidencial les brinda la oportunidad de ser, por una o dos semanas, sede del gobierno, virtualmente capital interina, habida cuenta que tendría sentido que el mandatario viaje acompañado de su gabinete ministerial, pues los problemas de las regiones tienen que ver con los distintos sectores del aparato estatal.

Tal expectativa se debe a la convicción de que las visitas no serán simples gestos ni se limitarán a las arengas y los floridos discursos, sino que, como corresponde, darán resultados concretos que abonen el camino de la solución de los grandes problemas de exclusión y abandono estatal que sufren las provincias de la Patria.


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