Paro contra la ciudad

Uno de los motivos de desprestigio de la capital peruana en el exterior, que le da imagen de urbe caótica, precaria y sobre todo insegura, es el desorganizado transporte urbano de pasajeros, siendo estos, literalmente, sus principales víctimas, muchas veces mortales.

| 14 julio 2011 12:07 AM | La Primera Palabra | 487 Lecturas
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Proliferación de líneas, superposición de rutas, vehículos inadecuados y maltrato continuo al público, que muchas veces es abandonado a mitad de ruta o hasta víctima de accidentes fatales por la irresponsabilidad de quienes se sienten impunes, o de atracos dentro de los mismos vehículos, son rasgos de una deplorable realidad que somete a los habitantes de la capital desde hace decenios, sin que nadie haya podido enfrentar y menos aún resolver el problema.

Por el contrario, más de un gobierno nacional y municipal ha tolerado el caos en función de intereses políticos inmediatistas o apoyos de ocasión, sin pensar en que Lima necesita un transporte de calidad como elemento básico para su tranquilidad y desarrollo.

En tan alarmante contexto, la autoridad municipal sobreponiéndose a la irreflexiva campaña de desprestigio lanzada en su contra, ha aprobado un plan para ordenar el servicio de transporte público de pasajeros, para seguridad y beneficio de los usuarios, los transportistas y la ciudad.

El plan edilicio, una contribución al necesario ordenamiento del tránsito en la capital, tiene sus ejes en la adopción de un solo tipo de unidades vehiculares, de alta capacidad y bajo efecto contaminador, lo que permitirá reducir a la mitad el número de unidades en el servicio, y una serie de normas y sanciones a los infractores, para lograr la disciplina y la consideración con el público, por las que claman los limeños.

La respuesta de un sector de las empresas del transporte colectivo de pasajeros ha sido realizar ayer un paro cuyo éxito niega el municipio y que afectó parcialmente el servicio, perjudicando a muchos usuarios, en nombre de intereses particulares que deberían ser dejados de lado en aras del interés ciudadano.

En ese empeño, el sector disonante ha desacatado abiertamente a la autoridad municipal, ha promovido desórdenes y hasta amenaza con otra paralización más prolongada aún, para imponer arbitrariamente sus criterios e intereses de grupo, contrarios a la ciudad y sus habitantes.

Ha hecho bien la alcaldesa en manifestar y demostrar con hechos la firmeza que sus detractores pretenden negarle, y advertir que las resistencias de sectores minoritarios no van a detener el plan y que este va a continuar hasta lograr sus fines de ordenamiento, sin posibilidad de que haya marcha atrás.

Tal decisión merece el apoyo de los vecinos de Lima, que, al margen de diferencias de cualquier índole, deben cerrar filas en aras de alcanzar ese objetivo, para bien de toda la colectividad.

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