Paita y el entreguismo

Tras el ruido de escándalos y otros fuegos artificiales que parecen haberse encendido, uno tras otro, para distraer nuestra vista de un nuevo caso de entrega del patrimonio nacional a capitales extranjeros y silenciar con su estruendo a las voces indignadas que así lo denuncian, crece la conciencia ciudadana de que el país ha sufrido una vez más un despojo, con reciente firma del irregular contrato de concesión privada del puerto de Paita a un consorcio portugués relacionado con capitales chilenos.

| 13 setiembre 2009 12:09 AM | La Primera Palabra | 488 Lecturas
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Crece por tanto el reclamo de quienes sienten que el país no solamente entrega un bien económicamente valioso sino también parte de su soberanía, pues un puerto bien puede ser comparado con una frontera, y una frontera nadie puede entregarla a intereses extranjeros, incluidos aquellos de un país cuyas elites y militares se arman hasta los dientes apuntando hacia nuestro territorio.

Las cortinas de humo que, con complicidad mediática que atenta contra la credibilidad de quienes se prestan a ella, han tratado de hacer pasar de costado la firma del contrato, tampoco han podido ocultar las sólidas evidencias de que el concurso y el procedimiento de adjudicación están plagados de ilegalidades que han motivado anuncios de acciones penales de los que damos cuenta en esta edición.

Quienes, empeñados en una obsesión neoliberal que ha pasado de moda en el mundo y eventualmente embarcados en manejos turbios con arreglos bajo la mesa, han apurado el contrato, tienen que responder, además, por haber desairado al Congreso, sorprendiéndolo una vez más, al firmar el contrato cuando el Poder Legislativo tenía pendiente un debate sobre la conveniencia de crear una comisión investigadora del controvertido proceso de concesión, una modalidad de privatización, del puerto de Paita, con privilegios y ventajas para el consorcio ganador, que, tras adjudicarse del concurso, no cumplió en tiempo y forma los requisitos legales a los que estaba obligado, por lo que los plazos para hacerlo tuvieron que ser ampliados una y otra vez.

Los argumentos que buscan legitimar la entrega de Paita son por lo demás endebles. Alegan que la concesión es beneficiosa para el Perú, pese a que el puerto dejará de rendir beneficios al Estado, al que este tendrá que subvencionar -algo de lo que son enemigos los neoliberales- y en el que las inversiones no están cabalmente garantizadas. Y cuando los reproches crecen de tono y avanzan por el territorio nacional, al punto que la próxima semana habrá un paro portuario en la costa y la selva, los responsables de la entrega pretenden descalificar la protesta alegando que esta es “política”, como si no fuera absolutamente política la decisión de entregar uno de los puertos más importantes y de mejor infraestructura del país.


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