Optimismo sereno

El sereno y moderado optimismo con el que en el país se ha tomado el fallo de la Corte Internacional de La Haya en el caso Colombia-Nicaragua corresponde a la actitud que nuestro país ha mantenido a lo largo del proceso, distante de los triunfalismos y de las analogías simplistas, contra las que nos advirtió desde un primer momento nuestro coagente en la Corte Internacional de Justicia.

| 21 noviembre 2012 12:11 AM | La Primera Palabra | 998 Lecturas
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Con esa misma responsabilidad y con la ponderación debida, uno de los miembros del equipo de juristas que defiende nuestra posición en el proceso ha señalado sin embargo que hay principios interesantes –y esenciales, podríamos añadir- que forman parte de la defensa peruana y que la Corte ha reiterado en el fallo anunciado esta semana.

Esos criterios son los de equidad y proporcionalidad, con los que, por cierto, nada tiene que ver el paralelo geográfico que cercena nuestras costas y con los que tiene plena coherencia el planteamiento peruano de una línea equidistante entre las costas de los dos países, si sus jurisdicciones marítimas se sobreponen, lo que sucede en el caso Colombia-Nicaragua y en el caso Perú-Chile.

En el fallo del pasado lunes y en otros anteriores, la equidistancia ha sido aplicada por la Corte, que además solo ha tomado en cuenta el ejercicio de la jurisdicción en tierra (los cayos de Colombia), pero no en el mar, lo que desalienta el argumento chileno de que tiene posesión del mar hasta el paralelo y por ello este debe ser la frontera.

En fin, podríamos continuar una serie de criterios que La Haya aplica, pero tenemos que señalar también que hay una diferencia esencial entre los dos casos comentados: en el caso Colombia-Nicaragua existía un tratado de límites, firmado en 1928, y en el caso Perú-Chile no existe un tratado de ese tipo –que debe ser explícito, minucioso y negociado, sin que las fronteras puedan presumirse o deducirse, según ha establecido antes la Corte.

Justamente ese es el tema de fondo del diferendo y por tanto lo primero, lo central, que debe dirimir la Corte, es decir si hay un tratado de límites, como sostiene Chile, que pretende que son tales los convenios de otra naturaleza firmados por los dos países; o si no existe ningún tratado que sea específico y que tras una negociación voluntaria entre las partes, haya fijado en detalle y con precisiones técnicas la frontera.

Justamente porque Chile rechazó negociar un tratado, es que el Perú se vio precisado, como bien sabemos, a apelar a la Corte Internacional de La Haya, en pos de justicia que esperamos obtener, insistimos, con serenidad y sin triunfalismos.


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