Ofensiva impunidad

La decisión de la justicia argentina de dejar impune al expresidente Carlos Menem por el tráfico de armas a Ecuador en plena Guerra del Cenepa desatada por ese país en 1995 contra el Perú, reabre aquella herida que lesionó gravemente una hermandad histórica despreciada por la ausencia de escrúpulos del personaje, hoy en el ostracismo por su fracaso como gobernante y por la corrupción que caracterizó a su desempeño político.

| 14 setiembre 2011 12:09 AM | La Primera Palabra | 1k Lecturas
1049

Los tribunales del vecino país absolvieron al acusado y a otros 17 exfuncionarios, pese a haber quedado completamente acreditado, por una minuciosa investigación periodística y por pesquisas posteriores, que Menem firmó la autorización para “triangular” –término que los traficantes de armas usan para el procedimiento de aparentar una venta legal a un país y desviar la mortal mercadería a otro- el armamento usado para matar soldados peruanos.

Además de expresar nuestra indignación por la impunidad en la que va quedando aquel crimen, que distanció durante muchos años a dos pueblos hermanos, cabe recordar la gravedad de aquella ofensa que tuvo el agravante delincuencial de que Menem enviaba armas a Ecuador mientras sus representantes diplomáticos oficiaban de mediadores en el conflicto, pues Argentina era país garante del Protocolo de Río de Janeiro que fijó los límites entonces cuestionados por el vecino del norte.

Menem no solamente ensució el honor de la Argentina por un sucio negocio, propio de gansters y piratas sin alma y sin ley, sino que dejó de lado toda una historia de hermandad, con próceres y héroes de un país en el otro.

Traicionó así la memoria de Roque Sáenz Peña, héroe de Arica y entrañable compañero de Francisco Bolognesi y Alfonso Ugarte, y posteriormente presidente de su país. Y respondió con la abyecta traición a la generosidad peruana que en la Guerra de Las Malvinas acudió solidaria a entregar aviones, misiles y otras formas de ayuda al país hermano, al que el Perú cedió los medios de su propia defensa.

Nada de eso importó al gobernante corrupto, cuya ofensa congeló por más de 20 años las relaciones tradicionalmente cálidas entre nuestras dos naciones, que la presidenta Cristina Fernández se ha empeñado en restaurar, para lo cual, en una visita Lima, pidió disculpas por aquel infausto episodio.

Y cuando las relaciones transitaban hacia la superación de aquella dolorosa crisis, llega la decisión insólita y condenable de los tribunales argentinos. La Fiscalía ha decidido apelar, así que aún hay esperanzas de que se haga justicia, no solo al traidor que afrentó a nuestra patria y a la suya, sino a la memoria de los grandes hombres que construyeron la hermandad entre dos pueblos que, ciertamente, están por encima de las miserias de sus malos gobernantes.

¿Quieres debatir este artículo? prueba abriendo un tema en nuestros foros.



...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD