Obsesión fatal

Cada vez con más claridad, los revocadores, o mejor dicho sus mascarones públicos y sus entusiastas seguidores, lo más oscuro de la política criolla, nos están dejando ver los motivos de la revocatoria que, con la complicidad de quienes traicionan la ética y la sabiduría de los buenos jueces, han logrado sacar adelante, aunque magullada, desprestigiada y desnuda en todas su suciedad de albañal y sus miserias.

| 02 noviembre 2012 12:11 AM | La Primera Palabra | 541 Lecturas
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Cada vez más relegan a un segundo plano el pretexto de la supuesta incapacidad o inacción de la Alcaldesa como motivo de su desesperación para defenestrarla, y vociferan el odio irracional que, además de la codicia por volver a manejar los recursos de la ciudad, los mueve a lanzarse al ataque, cual versión política de las hordas del hampa en La Parada.

Logrando el objetivo, sospechosamente rápido y fácil, de que les sean aceptadas las firmas obtenidas con dinero y otras malas armas y presentadas fuera del plazo legal, y que a toda velocidad se fijara la fecha de la consulta popular, mucho más cercana de lo que estiman expertos en la materia; el triunfalismo los ciega y, creyendo que también podrán ganar en las urnas, ya están diciendo que hay que sacar a la Alcaldesa simplemente por izquierdista y “caviar”.

Parecen no darse cuenta de que su sectarismo los aísla aún más, pues sus posiciones extremistas están condenadas al fracaso, porque la mayoría ciudadana sabe que no se debe ensuciar el manejo de la ciudad de todos con actitudes excluyentes que a nada conducen, y favorecen más bien el pluralismo necesario para trabajar unidos por el desarrollo de la ciudad y por el progreso social.

Lo que van consiguiendo es que las fuerzas democráticas, de diversos signos políticos, las organizaciones sociales de todo tipo y los ciudadanos de a pie, cierren filas contra el despropósito de revocar a la Alcaldesa solo por intereses políticos ajenos a los intereses de la colectividad.

Ningún propósito sectario como el que buscan los revocadores, justifica que Lima se tenga que entrampar en el inmovilismo, la inestabilidad y el caos que puede causar una campaña fanática como la que harán quienes representan la regresión y la corrupción que ya han fracasado en el manejo del país y la ciudad.

Quienes quieren a la ciudad y quieren para ella trabajo, orden y concertación de voluntades rechazan el odio que tanto daño le ha hecho al Perú y no permitirán que los revocadores y sus mentores se salgan con la suya.


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