Nada será igual

La lección dada por el calculado, prolongado y artero acto de espionaje chileno contra el Perú parece no haber sido asimilada por miembros del gobierno y de los partidos adherentes a las posiciones ideológicas maximalistas que, en nombre del valor supremo del mercado como solución a todos los problemas nacionales e internacionales, abrieron las puertas a la penetración económica, política y militar chilena y descuidaron la defensa nacional porque afirmaban que con el llamado fin de la historia se terminarían también las amenazas externas que históricamente han acechado al Perú.

| 22 noviembre 2009 12:11 AM | La Primera Palabra | 449 Lecturas
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Esos sectores, con el presidente de la República a la cabeza, insisten en tratar la escandalosa ofensa a nuestra patria como un hecho aislado y un incidente que será superado cuando el gobierno chileno acepte investigar quién es el responsable de haber comprado a un traidor y brinde alguna explicación. Felizmente han retrocedido en la afirmación de que es posible que hayan sido elementos de menor nivel, acaso agentes descontrolados o alguna empresa como “Business Track”.

En un rapto de lucidez, el canciller ha dado en el clavo al señalar que es imposible que una operación de tal magnitud se haya hecho a escondidas del gobierno chileno.

Pero, además, el carácter del espionaje, su prolongación en el tiempo, el tipo de información buscada, son elementos que solamente se explican si los autores, el verdadero poder en Chile, los militares, tienen la visión estratégica de considerarnos su enemigo, como un objetivo militar potencial o futuro.

En un mundo incierto en el que los conflictos del futuro serán por la energía y el agua, elementos de los que carece Chile y de los que el Perú es rico, nadie puede pensar que bastarán explicaciones chilenas para que todo vuelva a ser como antes, que los pilotos chilenos sigan surcando nuestros cielos y capitales chilenos sigan controlando nuestra energía y nuestros puertos y ocupen otras posiciones estratégicas. Este pueblo, herido en su amor propio y en su dignidad, no lo permitirá, de ninguna manera.

Ya nada volverá a ser lo mismo. No podemos seguir hablando de que somos países amigos cuando los hechos nos han demostrado que el otro no nos considera así, sino todo lo contrario.

Estamos pues advertidos, que nadie se llame a engaño y que mantengamos la unidad en defensa de la Patria frente a la arrogancia y la amenaza de un vecino peligroso a quien en adelante debemos tratar estrictamente como tal, con cortesía y buenas maneras, pero con mucho cuidado y de la puerta para afuera. Hay que ganarles en La Haya y hay que enseñarles que respeto guardan respetos, que hemos entendido su mensaje, enviado tan brutalmente, y que a él nos atenemos.


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