Nada a la fuerza

Alguien dijo que la fuerza es el arma de los débiles, lo que viene al caso cuando tratamos de entender la aparente insensatez de quienes nos gobiernan, de pretender, una y otra vez, responder con el autoritarismo y el endurecimiento represivo, al descontento social y a la crítica ante la falta de soluciones a los problemas nacionales y a los desatinos del gobierno.

| 23 agosto 2009 12:08 AM | La Primera Palabra | 407 Lecturas
407

La semana que pasó ha registrado dos nuevos y torpes intentos de imponer la voluntad del gobierno, en lugar de buscar el consenso y el entendimiento por la vía del diálogo y la concertación.

Dos medidas que sólo podrían explicarse por la desesperación oficial ante el creciente malestar social, motivado por la ausencia de una política que prevenga y solucione los conflictos antes de que estallen y atienda las necesidades sociales cada vez más apremiantes, más allá de la aplicación de programas sociales de efectividad dudosa y manejo sospechoso de corrupción y sectarismo.

Uno ha sido el fracasado proyecto de ley que apuntaba a someter a la prensa mediante rectificaciones desproporcionadas y a imponerle sanciones desmedidas, que, con el consabido manejo de jueces con hilos invisibles pero eficaces, hubieran podido hacer quebrar, sobre todo, a medios independientes y modestos, ajenos a los grandes poderes económicos y al abierto o soterrado auspicio oficial.

Felizmente, el rechazo de la sociedad civil, la gran mayoría de los partidos políticos y la ciudadanía toda, en defensa de la libertad de prensa, llevó al gobierno a reflexionar y a rectificarse en forma positiva, deslindando posiciones del malhadado proyecto, e hizo retroceder a quienes lo promovían. Lo sucedido debería ser una notificación al Ejecutivo, de que no puede imponerse a la voluntad ciudadana.

Otro proyecto oficialista pretende ampliar la discrecionalidad del uso de las armas policiales contra civiles, al autorizar a disparar ante la sola sospecha, subjetiva y no siempre atinada, de que existe la amenaza de un acto hostil; sin que por ello los policías tengan responsabilidad penal alguna.

El proyecto ha indignado a los defensores de los derechos humanos y a la mayoría de las fuerzas políticas, que lo rechazan por autoritario y peligroso para la seguridad, la paz y la democracia, y porque pretende facilitar la represión de las protestas sociales. Nos avergüenza, además, ante el mundo, pues existen convenciones internacionales que el Perú ha suscrito y que proscriben el uso indiscriminado de las armas policiales contra civiles.

El repudiado proyecto del “gatillo alegre” es, asimismo, innecesario porque ya existen normas militares y policiales que regulan el uso de las armas, que una norma anterior ya había endurecido, al exonerar de responsabilidad penal a los policías y militares que utilicen sus armas en cumplimiento de su misión y bajo órdenes superiores.

Loading...



...
Diario La Primera

Diario La Primera

La Primera Digital

Colaborador 1937 LPD