Medida necesaria

Una de las razones de la alta aprobación, del 70 por ciento, a la gestión del nuevo presidente, registrada en una reciente encuesta, demuestra no solamente el respaldo ciudadano al cumplimiento de sus promesas en sus primeras medidas, sino el fracaso de los intentos de erosionar con celeridad inusitada el respaldo popular que acompañó su ascenso al gobierno.

| 10 setiembre 2011 12:09 AM | La Primera Palabra | 1.1k Lecturas
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Los afanes mediáticos y políticos de desvirtuar, satanizar, distorsionar o minimizar decisiones o nombramientos gubernamentales; de arrinconar al mandatario por su carencia de afán de figuración, o de manipular errores supuestos o reales para desgastar la imagen del mandatario y de la administración, evidentemente no han logrado su objetivo.

Las campañas que han pretendido hacer retroceder al gobernante en sus decisiones han tenido un efecto contraproducente para sus autores. Como lo ha reconocido un político derechista hostil al Ejecutivo, este ha demostrado carácter para no dejarse presionar ante las presiones mediáticas, lo que ha sido visto con bueno ojos por la ciudadanía, como una evidencia de valor y determinación ante opositores que siguen sin dejar atrás la actitud de encono y confrontación casi irracional que los caracterizó durante la campaña electoral, en la que trataron de restablecer el régimen dictatorial de los años noventa.

El mandatario ha dicho en forma reiterada, sobria y educada, y desde el momento mismo de su proclamación que no acepta presiones de nadie, por lo que no llama a sorpresa que el asedio mediático haya sido inútil.

Pretender que la alta aprobación ciudadana se debe solo a que la gente prefiere el estilo sobrio y poco mediático del jefe de Estado al de gran exhibicionismo de su antecesor, es reducir la opinión ciudadana a niveles de anécdota.

La encuesta citada evidencia niveles de aprobación similares para dos decisiones claves del gobierno y de su bancada parlamentaria: el gravamen a las sobreganancias mineras que los defensores del anterior status quo aseguraban que era imposible, y la aprobación veloz y pronta promulgación de la Ley de Consulta Previa a las comunidades nativas sobre decisiones que afecten sus territorios; dos de las principales promesas electorales del mandatario y su partido.

Ello evidencia que la virtud de honrar la palabra y las promesas, olvidada por anteriores gobernantes que dejaron de lado sus ofrecimientos electorales en cuanto fueron elegidos, es lo que más aprecia la población.

Aunque otra característica del presidente es no dejarse influenciar por los resultados de las encuestas, seguir en el mismo camino le garantizará no solo mantener altos niveles de aprobación, sino contar con un firme respaldo social para hacer frente a nuevas andanadas de quienes no se resignan a los vientos de cambio en democracia y sin precipitaciones traumáticas que soplan cada vez con más fuerza a lo largo y ancho del país.

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