Más escándalo y vergüenza

Un nuevo escándalo, que avergüenza al país y que confirma lo peligroso que es el cóctel que combina la política y las mentalidades dadas al negocio, el arribismo y el lucro como valores supremos, no importa la cara ni la catadura del cliente, golpea con fuerza la ya deteriorada imagen del gobierno y el paradigma de que el modelo neoliberal, por promover la eficiencia y la competencia privadas, era un remedio para la corrupción que afecta al Estado.

| 27 setiembre 2009 12:09 AM | La Primera Palabra | 344 Lecturas
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Echados abajo casi todos los controles contra la corrupción, también han sido dados de baja las precauciones y el cuidado mínimo de las formas, hasta llegar al extremo de nombrar ministro a lo que popularmente se conoce como una verdadera “joyita”, con antecedentes que incluyen pegarle a un policía, practicar la trampa como atajo para avanzar y trepar y comenzar la carrera de abogado trabajando en un estudio que era más bien una banda dedicada a estafar al fisco y sabe Dios a quién más.

Tras el recurrente argumento de que el gobierno no tenía por qué estar al tanto de esos indicios de moralidad dudosa, que debieron eliminar al personaje como candidato a cualquier responsabilidad pública; ni tenía cómo saber de sus trajines con la empresa Business Track; ni podía conocer que era nada menos que abogado de una empresa dedicada al espionaje telefónico; puede estar la idea de limpiarse de responsabilidades para después, aislado el problema, poner de patitas a la calle al ministro que ha perdido la credibilidad y la confianza de la prensa y del país.

Queremos pensar que esa será la salida, porque sería suicida que el jefe de Estado desafíe la indignación de la ciudadanía y el sentido común para mantener a su lado a quien sólo ha demostrado la cara dura de los bandidos de cuello blanco que juran ser blancas palomas, en este caso sin las luces necesarias para mentir sin caer en gruesas y burdas contradicciones, como aquella de no saber qué otros clientes tenía o sostener que nunca había pisado siquiera las oficinas de Business Track ni conocía a los ejecutivos chuponeadores que llegaron al atrevimiento de espiar al propio jefe del Estado, para los que trabajaba o aparentaba hacerlo.

Tampoco valdría la pena mantener a quien no ha tenido el mínimo decoro de dimitir para no afectar más la ya mellada imagen del gobierno y enfrentar desde el llano las necesarias investigaciones sobre lo que realmente hacía para Business Track. Mantenerlo en el gabinete, más que un gigantesco despropósito que puede poner en duda la estabilidad del gobierno, dará la razón a quienes sostienen que el personaje de marras no ha sido expelido del gobierno simple y llanamente porque lo que sabe y oculta sobre los casos chuponeo y petroaudios, puede comprometer a altos niveles de poder, incluyendo al propio gobernante.

Por cierto, el caso de los petroaudios, el mayor caso de corrupción conocido desde la tenebrosa época del fujimontesinismo está a punto de cumplir su primer aniversario sin que las investigaciones avancen, ni haya asomos de sanciones severas para los culpables aparentes y ocultos en las sombras.


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