Los hechos dirán

La ciudadanía siente un natural alivio tras la juramentación de los nuevos ministros de Estado, que marcó el fin de una breve crisis ministerial que mantenía en la incertidumbre al país, que esperaba su superación para que el Ejecutivo pueda hacer los ajustes que sea menester, para enfrentar la crisis principal, determinada por los sucesivos reveses de las fuerzas militares y policiales en el combate a la sobreviviente fracción senderista que persiste en alzar las armas en la zona del Vrae y que el mes pasado abrió un nuevo frente en el Alto Urubamba.

| 15 mayo 2012 12:05 AM | La Primera Palabra | 853 Lecturas
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El señalamiento de los titulares de Defensa e Interior como responsables políticos y la inminente censura de ambos por el Congreso, los obligó a renunciar, con el resultado conocido anoche, de dos nuevos ministros y un gambito (cambio de posición, sin más relevos).

Cuando parece no ser ya tiempo de reproches ni de mordaces comentarios sobre los yerros, estructurales y heredados unos, de manejo inmediato otros, cuyo costo pagaron esos responsables políticos, la ciudadanía espera la ejecución de una estrategia coherente y efectiva, de largo aliento, que acabe con la sangre y el dolor en los territorios en los que se han hecho fuertes los subversivos.

El diagnóstico ha sido hecho: más que haber obtenido victorias, esos elementos han aprovechado su mejor dominio del difícil terreno, las debilidades del Estado, los errores tácticos de los uniformados y, sobre todo, la ausencia del Estado o las negativas experiencias en las que su presencia se ha traducido en el pasado en abuso, ineficiencia y corrupción, lo que determina que la población desconfíe de las tropas y hasta en algunos casos apoye a los llamados narcoterroristas.

Restablecer esa presencia con obras y servicios públicos, lucha contra la pobreza y otros beneficios para la sociedad, ha sido definido como el eje de la estrategia a aplicarse contra el clan de los Quispe Palomino.

Eso descarta las irreflexivas posiciones que demandan una solución de aplastamiento militar, sin importar el costo para los civiles, como en los tiempos de la guerra sucia; pero de ninguna manera excluye la necesidad de una mayor eficiencia militar y un trabajo de inteligencia adecuado, indispensables para doblegar a los subversivos.

Los hechos demostrarán si los nuevos titulares de Defensa y del Interior, con el respaldo ciudadano que corresponde a su calidad de recién designados, están a la altura de la grave y compleja tarea que deben cumplir.


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