La Primera Palabra

Las decisiones tomadas en la última semana por el gobierno oscilan entre el aparente acierto, en función de los intereses, los objetivos y la coherencia de la administración del presidente Alan García, y el error, en función de los mismos criterios, considerados haciendo abstracción de los juicios de valor que puedan formularse sobre la política general del gobierno, sus grandes y graves problemas de corrupción e ineficiencia y la calidad y antecedentes de los protagonistas.

| 23 febrero 2009 12:02 AM | La Primera Palabra | 471 Lecturas
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En el primer campo se ubica la designacion de la dirigente aprista Mercedes Cabanillas, quien se ha ganado fama de tener un comportamiento decidido, merced a actitudes drásticas en lo partidario y en el manejo del Congreso, con actitudes no pocas veces excesivas, sobre todo cuando ha arremetido contra la oposición social y política.

Vistas las cosas desde la perspectiva del Ejecutivo y el aprismo, nada mejor que una ministra del Interior con fama de decidida para poner mano dura en el combate a la delincuencia, aunque excederse y, por otra parte, caer en el sectarismo que históricamente ha caracterizado al aprismo -como fuerzas ajenas al Ejecutivo afirman que ocurrirá-, puede ser contraproducente para el gobierno, en un año que se proyecta difícil por el impacto de la crisis económica internacional -triunfalismos aparte- y por las acuciantes demandas sociales, junto al natural desgaste de una gestión que pasó ya la mitad de su mandato quinquenal.

Otra designación atinada desde la perspectiva gubernamental, es la del nuevo embajador del Perú en Estados Unidos, Luis Valdivieso, previo desembarco de la responsabilidad que tenía como ministro de Economía. Para la política gubernamental -al margen de lo que opinemos sobre ella y sobre la labor ministerial de Valdivieso- resulta funcional un experto en finanzas internacionales, familiarizado con los vericuetos de los organismos financieros, en un año de crisis, en el que probablemente el gobierno podría necesitar más de una operación de salvataje con apoyo externo, el que puede ser más accesible si quien hace el trámite para conseguirlo es un funcionario conocido en esos círculos.

Lo que sí entra en el terreno del misterio es el porqué del nombramiento del poco exitoso y siempre controversial político conservador Rafael Rey como embajador en Italia, país de especial importancia para la política exterior y los intereses permanentes -aquellos que trascienden a los cambios de gobierno- del Perú, y no solamente por la valiosa colaboración que Italia otorga al país en diversos campos.

La legalidad de la designación de Rey ha sido severa y justificadamente cuestionada, porque, al haber sido elegido parlamentario andino -independientemente de formalidades como la de no haber asumido como tal- está impedido de representar al país o desempeñar cargo oficial alguno.

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