La Primera Palabra

El repudiable atentado contra la fiscal de la Nación, Gladys Echaíz, con quien nos solidarizamos sin reservas, ha provocado una verdadera estampida de conjeturas y especulaciones, por encima de las cuales se yergue el problema de la inseguridad que constituye, según todas las encuestas, una de las preocupaciones capitales de la ciudadanía.

| 02 febrero 2009 12:02 AM | La Primera Palabra | 393 Lecturas
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Las hipótesis iniciales oscilan entre el intento de matar a la fiscal, la posibilidad que haya sido solamente una acción de amedrentamiento, y la de una acción de delincuentes comunes, cada vez más osados y violentos.

La primera posibilidad pierde fuerza por los primeros testimonios, según los cuales los atacantes dispararon al auto y no buscaron a la fiscal como blanco, y finalmente nadie salió herido. Y para el ministro del Interior resulta incoherente que hayan usado un automóvil tan poco aparente, un station wagon blanco, para una acción de ese tipo.

Lo del amedrentamiento parecería más creíble, pero da paso también a otra especulación válida: los autores pueden haber buscado otros propósitos con la acción. Las dos primeras hipótesis han sido usadas por parlamentarios apristas para señalar como autor a la mafia del espionaje telefónico, continuando con su afán, y el del gobierno, de presentar el problema de la interceptación como más grave que el de la corrupción descubierta por los audios obtenidos ilegalmente, como si los dos crímenes no fueran por igual repudiables y ameritaran igual persecución y castigo.

Pensar en un robo cae por su propio peso, teniendo en cuenta que los atacantes dispararon a las llantas del auto de la fiscal (como para impedir su escape), algo que no haría quien quisiera llevarse el vehículo.

Pero en cualquiera de los casos el atentado es preocupante. Es preocupante que haya organizaciones en la sombra o mecanismos de seguridad que actúen por cuenta propia, capaces de atreverse a acciones criminales de tal envergadura y potencial desestabilizador. Es preocupante que el gobierno no haya purgado a los elementos montesinistas que continúan en los aparatos de inteligencia y las Fuerzas Armadas, gente diestra en la conspiración y el crimen, capaz de atentados como el de la noche del sábado o de acciones de espionaje telefónico al servicio de intereses privados y/o políticos. Es preocupante que el gobierno no haya detectado ese peligro y que no lo haya neutralizado.

Tampoco sería tranquilizador que los atacantes hayan sido delincuentes comunes, pues confirmaría la indefensión ciudadana ante el desarrollo de la criminalidad a niveles cada vez más atrevidos contra la sociedad.

Esperamos que ahora, cuando parecen soplar nuevos vientos en el Poder Judicial, el caso se esclarezca, se llegue a la verdad plena y se castigue a los culpables. Como periódico de oposición, estaremos alerta para señalar lo que sea menester, en aras de que se cumpla ese objetivo, que la ciudadanía reclama, cumpliendo nuestra responsabilidad de ejercer la crítica constructiva, como aporte al país y a la sociedad.

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