Justa indignación

Resulta plenamente justificada la indignación de las autoridades, las empresas y el pueblo del Cusco, ante la alerta de la embajada de Estados Unidos a sus nacionales para que se abstengan de visitar esa región, cuyas grandes riquezas arqueológicas y naturales deslumbran al mundo entero, para lo cual la legación diplomática alega informes de incierto origen sobre aprestos de un grupo criminal para secuestrar visitantes extranjeros y en particular norteamericanos.

| 17 febrero 2013 12:02 AM | La Primera Palabra | 1.1k Lecturas
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La alarma lanzada es un golpe bajo a los esfuerzos nacionales y cusqueños en particular por desarrollar el turismo y atraer a un número creciente de visitantes, aprovechando el interés que diversas circunstancias y sobre todo los medios internacionales de comunicación han generado en torno a nuestro país y sus notables atractivos.

Ha sido atinado que, en términos diplomáticos pero firmes, nuestras autoridades gubernamentales y empresarios hayan dejado en claro que la información invocada no tiene sustento, que no hay tal amenaza y que el Perú es un país soberano al que corresponde la obligación de garantizar la seguridad de sus visitantes.

Y es que, más allá de incidentes menores y pese a aprovechadores que pretenden esquilmar y abusar de los visitantes, como ocurre en cualquier parte del mundo, el Perú se distingue por el trato amable y hospitalario a los turistas, como podemos verlo a diario sobre todo en las calles del Cusco, donde muchos jóvenes llegados para un tour de unos días se quedaron para siempre, maravillados por la mágica ciudad y el cariño de sus gentes.

Nuestro embajador en Estados Unidos ha dado en el clavo al señalar, en términos muy delicados, que si la embajada norteamericana tenía alguna información preocupante, lo más lógico hubiera sido que la compartiera con nuestro gobierno, cosa que no ha hecho –lo que constituye una falta de respeto. De esa manera, ha señalado el embajador, los servicios de seguridad hubieran podido actuar contra el grupo criminal que supuestamente planea practicar el secuestro, uno de los crímenes más execrables que el Perú como Estado y como sociedad repudia. Así el problema habría quedado resuelto.

No ha sido pues lo más adecuado ni lo más amigable por parte de la citada hacer pública semejante alerta sin tener en consideración el perjuicio que causa al turismo y, por ende, a la economía nacional.

Un grupo de autoridades cusqueñas proyectan entregar mañana a la embajadora estadounidense una carta al presidente Barack Obama, en la que le piden que rectifique y anule la alerta, por no justificarse. Es de esperar que el pedido tenga acogida.


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