Jugando con fuego

La fobia a todo aquello que tenga siquiera aroma a cambio o progresismo o toque el fracasado andamiaje político dejado por el régimen aprista, está llevando a las fuerzas apro-fuji-pepecistas y sobre todo a sus altavoces mediáticos, a situaciones que lindan con lo ridículo y lo absurdo.

| 03 agosto 2012 12:08 AM | La Primera Palabra | 782 Lecturas
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En el empeño febril de cercar a la ministra de Educación y echarse abajo el proyecto de Ley de Desarrollo Docente, llamada a reemplazar a la fracasada Ley de la Carrera Pública Magisterial aprista, no solo han incurrido en el carnavalesco intento de querer denunciar constitucionalmente a la ministra por proyectar una ley que ni siquiera conocían.

Han lanzado además a los cuatro vientos una maniobra mediática aparatosa, al acusar al Ministerio de Educación –y, obviamente, a la ministra- de haber entablado negociaciones con los dirigentes de la fracción magisterial que, bajo influencia de los remanentes sindicales del senderismo, pretenden dividir al Sutep y sentar su poder sectario en los colegios y en el clave gremio del profesorado.

La mentira llenó primeras páginas de varios medios de prensa y fue repetida hasta el cansancio por radio y televisión, distorsionando con evidente mala fe lo que no pasó de ser un contacto gestionado por un obispo y en el que un asesor ministerial comunicó a los interlocutores que si quieren conversar, primero deslinden (con hechos) del senderismo, porque ni el ministerio ni el gobierno tratan con esa corriente violentista.

El desmentido ha sido rotundo, pero el daño ya había sido hecho: la caterva mediática y los políticos antediluvianos a los que sirve le hicieron a la malhadada fracción divisionista una propaganda que nunca hubieran soñado quienes fungen como dirigentes para aprovecharse de la comprensible impaciencia de maestros de diversas regiones, por recibir un trato salarial justo.

La maniobra está acompañada por la recurrente afirmación, mendaz, de que la Ley de Desarrollo Docente sirve a los sectores extremistas, en una campaña que oculta el hecho contundente de que la nueva legislación es necesaria para hacer realidad los tan postergados aumentos de sueldos a los maestros, y para incorporarlos a un necesario proceso de desarrollo profesional, a todos y por mandato de ley, y no solo a aquellos que quisieran integrarse, como planteaba insensatamente la ley aprista.

Hay que destacar el fracaso del desquiciado intento aprista de acusar constitucionalmente a la ministra de Educación y esperar que igual suerte corra la interpelación que promueven los socios que compartieron los desaguisados del pasado gobierno. Hay claras señales de que el sentido común y la responsabilidad ganan terreno en la mayoría de las bancadas, a favor de aprobar con prontitud la nueva ley.

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