Por el juego limpio

Resulta lamentable que la carrera por la municipalidad de Lima haya descendido a niveles deplorables, por el uso de armas vedadas, ajenas a una auténtica contienda democrática y leal, en el ciego empeño de descalificar al contrario, como vía para alcanzar el favor ciudadano, en lugar de conseguirlo con la fuerz a de las ideas y las propuestas.

Por Diario La Primera | 05 set 2010 |    
No menos deplorable resulta el comportamiento de algunos medios que parecen empeñados en ensuciar la campaña con excesos que desprestigian a sus autores y que en nada contribuyen al civismo que debe primar en la contienda y al deber de docencia ciudadana que deben cumplir quienes tienen el poder y el privilegio de hacer llegar al público información y opiniones.

Las actitudes que lamentamos no solamente impiden la discusión abierta y documentada de los problemas de la ciudad y el cotejo de propuestas para resolverlos, sino que abonan a la creciente pérdida de fe de la población y a un mayor alejamiento de los peruanos, sobre todo los jóvenes, de los partidos y, peor aún, de la actividad política, cuyos rasgos de nobleza y altruismo parecen perderse cuando quienes la ejercen la envilecen con su falta de servicio público y su conducta ineficiente y en muchos casos corrupta.

El daño, en definitiva, no es sólo al rival ocasional, sino a la misma democracia, que se debilita con las confrontaciones bajas y estériles, las que deben terminar para dar paso, insistimos, a la pugna programática y de ideas, sin prejuicios ni satanizaciones de un lado ni de otro.

Este diario, que mantiene su independencia sin identificarse con ningún candidato ni agrupación política -más allá de las legítimas y respetables preferencias que pueda tener cada uno de sus periodistas en forma personal- se ha negado a participar en el desenfreno de pasiones que lamentablemente envuelve a la campaña electoral.

Por eso puede hacer este llamado a la cordura y a la conciliación, a todos aquellos que han incurrido en el error de atizar enfrentamientos y asumir actitudes fratricidas de querer marginar o descalificar a compatriotas por el hecho de pensar diferente o promover proyectos políticos alternativos.

Hagamos un esfuerzo, cuidemos la democracia, tratemos más bien de ayudar a que se profundice y a que sea más participativa y para que los ciudadanos la aprecien y se comprometan con su defensa, lo que lograremos si aportamos a que uno de sus elementos esenciales, la confrontación serena y abierta de ideas, no se desvirtúe por actitudes como las que aquí criticamos.


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