Indignados ante la corrupción

Las voces de indignación se multiplican, ante la escandalosa revelación de un semanario local sobre la vida de lujo del expresidente que en el anterior gobierno sumió al país en el oprobio de la corrupción generalizada, y más aún cuando el personaje, con impudicia, ha tratado de minimizar la importante denuncia de que el exgobernante alquila una inmensa y dispendiosa mansión en 4,500 dólares mensuales.

| 07 marzo 2012 12:03 AM | La Primera Palabra | 1k Lecturas
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En el afán de restar trascendencia a la denuncia, ha dicho que “solo” paga 3,500 dólares como alquiler, lo que equivale a más de 170 sueldos mínimos, y hasta ha tenido el cuajo de sostener que se trataría de una vivienda y a un pago de arriendo modestos.

Algo parecido hizo cuando, siendo Presidente, ante la revelación de un caso de corrupción, se dejó ganar por la arrogancia del poder y dijo que nadie se ensuciaría las manos por unas decenas de miles de dólares. Algo que podía interpretarse como la admisión de que de estar en juego un monto mayor sí valdría la pena mancharse. O, peor aún, que en aquel régimen solo podía haber corrupción en grande, no por cifras que al entonces gobernante le parecían ínfimas.

También se dejó llevar por su la locuacidad enfermiza, cuando, con una buena dosis de cinismo, le dijo a un conocido animador de televisión que se decidiera a ser candidato y que no se preocupara si el sueldo del Presidente era más bajo que el que ganaba en la televisión, porque, cuando fuera gobernante, la plata vendría sola.

El personaje no negó la infeliz frase e intentó alegar que no había hecho una invitación a la corrupción, sino una referencia a las posibilidades de ganar honorarios como conferencista y en otras actividades similares, propias más bien de un exgobernante. El interlocutor ratificó su versión y señaló que la frase no había tenido el sentido que quería darle el expresidente.

Esos y otros hechos, por lo menos sospechosos, ameritan, como bien plantean congresistas y analistas políticos independientes, que continúe a fondo la investigación que desarrolla la llamada megacomisión del Congreso sobre la corrupción durante el anterior gobierno.

El exgobernante debe acudir a esa comisión y dar informes y explicaciones, en lugar de tratar, junto a los dirigentes de su partido, de desacreditar a la megacomisión y tratar de amedrentarla y desestabilizarla.

El país exige una investigación a fondo, teniendo en cuenta, sobre todo, que diversas encuestas han confirmado la percepción mayoritaria de que en el anterior régimen no solo hubo corrupción, sino que esta fue protegida con maniobras técnico-burocráticas, argucias legales y otras modalidades de complicidad; y que según esos sondeos en esa corrupción tenía mucho que ver el gobernante.


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