Inclusión democrática

Una reciente cita de expresidentes de América Latina, así como otras actividades conmemorativas del décimo aniversario de la Carta Democrática, han permitido confirmar la certeza de que, más allá de compromisos solemnes y minuciosos documentos, todo indica que la principal amenaza para la democracia es la exclusión social, la existencia de decenas de millones de latinoamericanos sumidos en la pobreza y en terribles carencias, para quienes, por esa dramática situación, la palabra democracia carece de significado y resulta una palabra vaciada de contenido.

| 13 setiembre 2011 12:09 AM | La Primera Palabra | 2.1k Lecturas
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Siendo el Perú un claro ejemplo de ello, en circunstancias en que se abre un proceso político que tiene como norte la inclusión social, lo que ha aliviado tensiones peligrosamente exacerbadas en años anteriores, no resulta extraño que haya sido el Presidente de la República quien haya tenido a su cargo el desarrollo del tema en intervenciones públicas, en una de las cuales señaló que es necesario “democratizar a la democracia”, es decir darle contenido de inclusión, de equidad, de salud, educación, empleo y trabajo.

Solamente de ese modo la ciudadanía y en especial los millones de pobres hoy ajenos a los beneficios del crecimiento económico y de la modernidad, sentirán en sus vidas cotidianas los beneficios de la democracia y se sentirán comprometidas con ella, con sus instituciones y sus gobernantes, y con la defensa de esa forma de gobierno y de relacionamiento social, ante cualquier clase de amenaza.

Es decir que no basta con ir a votar cada cinco años ni de mantener intactos los poderes del Estado y libertades esenciales como la libertad de prensa y de iniciativa privada, pues el tercer pilar de una democracia auténtica, duradera y vigorosa, es la inclusión social, para la cual hace falta una acción decidida y eficaz del Estado, a fin de que todos sientan que son adecuadamente atendidos en su derecho a una vida decorosa y con esperanzas en el futuro.

Además de ello, hacen falta mecanismos novedosos de diálogo y participación directa, que canalicen las nuevas formas y escenarios de expresión y debate político, que ya no tiene como ámbitos exclusivos a los medios de comunicación y a foros como el Congreso de la República.

Un ejemplo peruano que plasma un mecanismo de ese tipo, por lo que ha causado admiración, respeto y emulación en la región, es la reciente aprobación de la Ley de Consulta Previa, fruto de la lucha de los indígenas peruanos por el respeto a su derecho a ser tomados en cuenta para las decisiones que afecten los territorios que ocupan.

Es esa la ruta de la democracia, concreta y llena de contenido, que los pueblos del Perú han comenzado a conquistar, hartos de la política tradicional, que se ubica en las antípodas de la verdadera democracia, y que históricamente ha fracasado en la tarea de solucionar los grandes problemas nacionales.


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